Local dispuesto con muy buen gusto en la decoración. Hilo musical que trae inumerables recuerdos. Canciones de los años 80 y 90 que agasajan a un público que ronda los cincuenta en su mayoría.
Fluye la conversación, amena y agradable, amigos a los que no ves desde hace semanas; por pocas que sean suceden cosas; tiempo para ponerse al día con una cerveza en la mano.
Entra un whatsapp imprevisto y en él preguntan: ¿Qué tal va tu sábado de San Valentín?
No va porque no hay con quien. No cabe otra respuesta.
Rígido por las agujetas del entrenamiento de running de la mañana, sigo la conversación, intercalando tramos de estar sentado con otros en los que me incorporo y me pongo de pie; pasamos del padel al accidente de Agramuz, de conocer la salud de los padres a desear suerte a una amiga que corre una maratón mañana en Sevilla. Sin orden ni concierto, sin dejarnos nada en el tintero.
Y así, casi sin querer se va el tiempo, se van las horas, se pone finiquito al sábado, a buen resguardo, amparados de un viento que no cesa de azotar en la calle. Tardeo dulce y ameno, para poner fin a la semana, en buena compañía.
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