Noche inquieta, la garganta irritada hace grumos y convierte a la saliva en algo pastoso que baja con dificultad por la traquea; cada poco cambio de postura, giro la cabeza de un lado a otro, para combatir la obstrucción nasal. Dormir así se hace complicado, descansar, imposible.
Lo que barruntaba cansacio, resulta ser un buen catarro.
Amanezco con cuerpo de jota, destemplado, como solíamos decir en casa, como solía contar mi abuela Isabel, siempre tan explicita, tan plástica a la hora de explicar las cosas. Pequeñas píldoras de sabiduría familiar, que pasan de generación en generación.
Es el cuerpo el que esta carente de templanza, como si actuase ajeno a la voluntad de quien lo porta, a quien sustenta, como si fuese por libre.
No hay comentarios:
Publicar un comentario