Es la precuela de Mil ojos esconde la noche, (Editorial Espasa), escrita hace muchos años, cuando su autor, Juan Manuel de Prada, apenas contaba los veintiseis, de hecho obra en mi poder desde hace más de veinticinco años, al ser parte de una colección de libros publicada por el diario El Mundo, que incluyó este título entre las cien mejores novelas publicadas en castellano en el siglo XX.
Doy fe de lo acertada que fue esa inclusión, convencido de que quien lea este título compartirá conmigo ese criterio.
Dos personajes destacan en la trama descrita en sus páginas: Fernando Navales, el falangista afincado en París que da pie como protagonista central a las dos entregas ya comentadas en este blog, (La ciudad sin luz y Cárcel de tinieblas), sujeto que arde en deseos en ganarse la vida como literato y que termina haciéndolo como soldado de fortuna, sicario y acendrado camisa nueva, más por azar que por convicciones.
Ser descarnado y deshumanizado que encuentra su alter ego en la figura del poeta malagueño Pedro Luis de Gálvez, de quien envidia todo: su talento creativo, su tuberculosa esposa, Teresa, (de la que está enamorado) y su integridad y criterio de los que carece aquel, condenado por su congénita pusilaminidad.
A lo largo de sus páginas, De Prada hace un recorrido por la flor y nata literaria y artística del fin del siglo XIX y comienzos del XX. Por sus páginas pasan personajes tan notables con Ruben Darío, Ramón Gómez de la Serna, Pío Baroja, Luis Buñuel o el eterno emigrante Jorge Luis Borges, de quien se cuenta quedó impactado del talento de De Gálvez.
Un repaso prolijo, detallado y cargado de intensidad, con pasajes de un realismo vivísimo, que ayuda a repasar la historia de las vanguardias creativas de este país con la marejada de fondo del inestable clima político que desembocó en el golpe de estado y posterior Guerra Civil.
Hay un salto creativo y de estilo entre las dos últimas entregas y esta obra, publicada en mil noveciente noventa y seis, casi treinta años antes, pero el espíritu de la historia se mantiene intacto, con una correlación que parece mágica, enlazando personajes, contextos y vivencias en un espacio cronológico de cincuenta años. Un trabajo titánico que requiere de un talento único al alcance de muy poco gente.
