Nunca me ha gustado la expresión levantarse con el pie izquierdo, por el carácter peyorativo que tiene en sí todo lo que se refiere a la izquierda, asociado con cosas malas, muestras de pura superstición, ya visibles desde tiempos de los romanos, que es donde se encuentra el origen de esta popular y extendida forma de decir que uno no ha empezado el día bien.
Como cuando estaba en el parvulario y en las cartillas de caligrafía, los famosos Cuadernos Rubio, en la última página había un dibujo con una mano derecha cogiendo un lápiz y otra izquierda, poniendo debajo de cada una bien y mal. No era infrecuente que un profesor reprendiera a quien veía escribir con la zurda, en una creencia que parece que tuvieramos instalada en el ADN.
Por eso hoy, que me he levantado de mal humor, prefiero decir que he comenzado el día cruzado y que ya escampará, antes que utilizar nada relacionado con la siniestra para expresar un malestar que es pasajero; por cierto, la palabra siniestra, cuyo antónimo es diestra, también comparte ese destino maligno que damos a ese lado. Qué importante es cuidar el vocabulario, a menudo moldeador de la forma de pensar.
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