Languidece la comida casera de restaurante, el famoso menú del día que por una cantidad razonable aseguraba la ingesta de dos platos con postre y bebida.
Pero las cosas cambian y el estado de las economías domésticas lo marca todo.
Pagar trece euros de media diarios para comer es algo que cada día se aleja más de unos bolsillos más delicados y más magros. No es extraño ver ya a la gente guardando turno para coger un espacio libre en la zona habilitada al efecto en algunos supermercados, donde por menos de la mitad puede comerse comida preparada por ellos mismos.
Lo malo es que a eso tampoco empiezan a llegar muchos otros, es la era del tupper por necesidad, no por salud, de ver a gente con la fiambrera comiendo en los parques. Los pajarillos hacen su agosto con las nuevas pitanzas que se acumulan a las migas de pan y granos de arroz de los jubilados.
Economías de subsistencia; no nos damos cuenta pero el grado de pérdida de posibilidades se hace cada vez más grande y se ve incluso en las cosas más pequeñas y cotidianas. El futuro nos hace más pobres, somos carne de subsidio y no de riqueza. Con las alas cada vez más cortas y mucho más dependientes y manipulables.Nada peor hay que no tener autonomía y solvencia, esecialmente si hablamos de cosas básicas. A este paso llegará el día en que salir a tomar una cerveza sea un gasto complejo de asumir, a lo mejor entonces empieza la reacción.
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