Con esta palabra se refiere principalmente a un grupo étnico y lingüístico mayoritario en Hungría. Es además el término que utilizan los húngaros para denominarse a sí mismos (Magyar) y a su lengua.
Desde ayer es también el apellido del nuevo primer ministro de aquel país, tras celebrarse unos comicios que han dado como fruto la caída del régimen de Viktor Orban, resultado celebrado en toda Europa.
El político más conservador, intransigente, irreverente, insolidario y mercenario de los dictados que marca el Kremlin, deja su puesto y lo hace de buen grado, sin poner reparos a una derrota refrendada con una participación notable, de cerca de 80%. Toda la indignidad que ha manifestado en sus dieciséis años de gobierno,con políticas que han hecho retroceder a su país en derechos sociales, amén de otras cuestiones como la deslealtad con la UE, la ha manifestado en su reconocimiento de la derrota.
Falta por ver si esta derrota democrática y en las urnas tiene efectos de algún tipo en el resto del continente y si supone un retroceso de la derecha más conservadora en todo el mundo, no en vano Orban era uno de los adláteres más significativos de Trump. Ojalá así suceda.
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