Jueves santo y jueves de vuelta a los cines, para ver la última creación, la que resulta ser la película número veinticuatro, del realizador manchego, Pedro Almodóvar.
Ambientado en otro periodo vacacional y religioso, como su título indica, Amarga Navidad, cuenta dos historias cruzadas que se incardinan en una sola: la vida de una realizadora de cine que tras dirigir dos películas de poca repercusión pero alta valoración como cintas de culto, dedica su esfuerzo laboral a la dirección de anuncios de publicidad y la situación de crisis y tensión de un guionista de cine que ante la falta de argumentos creativos emplea las miserias de su secretaria para argumentar su nuevo texto.
De hecho a medida que Raúl, el guionista encarnado por el actor Leonardo Sbaraglia va escribiendo su borrador, va cobrando vida la existencia de Elsa, aquejada de fuertes migrañas que siente que su vida está instalada en un impass existencial, marcado por la no asunción de la pérdida de su madre, a la que no ha guardado el correspondiente luto interno, después de un año de su fallecimiento. Interpretada magistralmente por Bárbara Lennie, bellísima en todos sus planos y convincente en su trabajo como protagonista.
Sin duda esta filmación de Almodóvar es una reflexión que interesará a todos los que escriben, sobre la validez de los argumentos de un trabajo creativo; hasta qué punto la autoficción es correcta y adecuada si los argumentos que se desarrollan son los de personas que habitan en nuestro entorno, aunque sus identidades queden diluidas con otros nombres que no hagan referencia directa a ellas. Dudas y fantasmas de un director, que en esta ocasión, ha dejado pasar sus achaques físicos y temores politicos a un segundo plano, para invitar al espectador a reflexionar sobre la conveniencia de los contenidos y su uso público.
Algo menos de dos horas de historia de dolor, tristeza y tensión protagonizado por mujeres próximas al círculo de Elsa, que dejan al espectador imbuido en la trama, impactado, cuando caen los títulos de crédito y parece que el visionado de la cinta se ha producido en un suspiro. Magnífica en la fotografía y los exteriores escogidos en la bellísima Isla de Lanzarote, este nuevo trabajo del director español merece pasar a lista de las mejores creaciones de una carrera que no pierde brillo, ni interés.

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