lunes, 13 de abril de 2026

La mejor crítica es la indiferencia

 A alguien oí decir hace tiempo que el gran mérito de Santiago Segura era el de haber ideado un personaje que transcendería a sus películas. Desde luego acertó.

 Han pasado cerca de veintiocho años desde que Torrente, el detective casposo admirador del Fari saliera por primera vez en las pantallas de cine. En aquella época fue un taquillazo por sorprendente e inesperado. Aquella cinta fue vista en las salas por más de cinco millones de espectadores y recaudó cerca de once millones de euros, ( al cambio, entonces aún nos manejábamos con las pesetas).

 Lo que parecía casi una broma, acabó convirtiéndose en una saga que durante estos veintiocho años ha permitido rodar cinco secuelas más, todas con cifras astronómicas. Sin cerrar aún los números de la última entrega, (Torrente Presidente), aún en cartelera,   ya ha superado los cien millones de euros de recaudación en su totalidad. No hay un fenómeno similar en la historia del cine español.

 Personaje que es una caricatura de desdén, ruindad y indecoro, definido por su pasión futbolística, (es simpatizante del Atleti) y sus ideas políticas, próximas al extinto régimen de la dictadura franquista; es esto último lo que está exprimiendo al máximo Segura, dando salida a una vertiente política de su personaje que ahora forma parte de la realidad cotidiana.

 Cuando Torrente salió a la palestra era un personaje que hacia reir a todos, especialmente a los de izquierdas y molestaba a los de derechas, por alusiones elementales; es curioso cómo con el transcurrir de los años, el personaje divierte ahora a los de derechas y enfurece a los progresistas, por los cameos que se han incluído en la película y viendo algunos en el largometraje propaganda soterrada de ultraderecha.

 Cuántas cosas preocupan hoy día, dentro de este clima de tensión y crispación que encima nos aleja de los verdaderos problemas de la gente, todos ellos referidos a la falta de recursos de sus bolsillos, pero he de reconocer que es particularmente triste ver la falta de sentido del humor, del abondono que sufren virtudes notables como el sarcasmo o la ironía o cómo todo eso redunda en el cuestionamiento de la creatividad y en una suerte de censura como no recuerdo haber visto nunca. Polémicas absurdas que encima hacen enriquecer y dan notoriedad a un artista no especialmente dotado para la dirección y la intepretación, cuyas películas valen oro puro sin tener calidad artistica real.

  Lo que nadie puede poner en duda de Santiago Segura es su visión comercial del cine, si hay alguien que haya entendido en este país que el cine es una industria, ese sin duda es él. Cuanta más polémica, más dinero para su bolsillo, sólo el verdaderamente inteligente observará que la mejor manera de criticar los productos de la factoria Torrente es simplemente mostrar indiferencia.

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