sábado, 31 de octubre de 2026

Excalibur

 Esta semana he vuelto a ver fotos de Excalibur, el perro al que una unidad de asalto de la policia sacrificó en su propia casa, en donde lo había encerrado su dueña, la enfermera Teresa Romero.

 Le puso nombre de espada, la del Rey Arturo, aquella que según una leyenda celta quedó atrapada en el interior de una roca, dispuesta para que sólo el que fuese el verdadero rey pudiera extraerla de allí.

 Doce años distan ya de aquel infausto mes de octubre de dos mil catorce, cuando las alarmas se encendieron al conocerse que el ébola había llegado a España. Repatriados desde Liberia y Sierra Leona, dos misioneros infectados por el virus, Miguel Pajares y Manuel García Viejo, fueron trasladados en un complejo protocolo de aislamiento en avión e ingresados en el Hospital Carlos III, en donde fallecieron a los pocos días.  

 El pánico llegó cuando se conoció que las medidas profilácticas no habían sido suficientes y que una enfermera asignada a la unidad de enfermedades tropicales que había atendido a los dos religiosos se había contagiado; pese a tener algunos síntomas, continuó con su vida rutinaria, mezclándose con gente en el trabajo, en su vecindario y en su entorno privado. Sólo cuando la fiebre comenzó a ser muy alta, se acercó a  su centro de salud, donde rápidamente se dictaminó su evacuación y aislamiento. 

 Contrajo la enfermedad, estuvo al bode de la muerte,con secuelas físicas evidentes y volvió a  la vida, algo a lo que no tuvo oportunidad su mascota, sacrificada por temor a que el animal pudiera contagiar el virus. 

  Nadie le pidió cuentas por su comportamiento irresponsable e incomprensible en una sanitaria que por temor ocultó que podía haberse contagiado; primó la solidaridad y la alegría de saber que pudo recuperarse y seguir viva. Hubo manifestaciones de los animalistas protestando por el sacrificio seguramente inecesario del perro y las aguas volvieron a su cauce.La paz regresó a la vida cotidiana.

Desde aquello,hemos vuelto a tener noticias de más casos de la terrible enfermedad, de cuando en cuando pero no aquí, claro; si en otros países, siempre en África, aunque lo que pasa en el continente negro nos da absolutamente igual. El último brote localizado en la República Democrática del Congo y en Kenia, ya registra cifras impresionantes, con más de cinco mil personas fallecidas sin que se tenga noticias de qué medidas se están desarrollando a nivel local e internacional para evitar que el mal se propague entre la población local o salga fuera de sus fronteras.

 El ser humano y sus mecanismos de autodefensa, mientras esté lejos y no me ataña a mi directamente, mientras no sea una amenaza real... 

 Solidaridad selectiva. Nada mejor que escudarse en la ignorancia para paliar miedos. No todas las muertes importan e impactan lo mismo. 

  

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