He decidido que volveré a coger un ferri en Algeciras, para cubrir las escasas quince millas marinas que la separan de la ciudad de Ceuta. Regresaré a este enclave y ciudad española del norte de Africa, por segunda vez en mi vida, cincuenta años después.
Rememoraré aquel viaje familiar, en el que éramos sólo cinco miembros, ( los dos pequeños aún no habían nacido), parte de unas vacaciones de agosto en Cádiz, más concretamente en el pueblo de Rocio Jurado, en Chipiona.
El objetivo de la visita era simple, hacer compras; la condición de zona franca donde no se aplicaban los impuestos de la península, hacía muy golosa la idea de dejarse caer por allí; pese a tener tan corta edad recuerdo muchísimos detalles de ese viaje: el traslado en barco, que al ser corto, hicimos sentados en una zona habilitada de cubierta, el hotel donde pernoctamos, las tiendas que pisamos, en las que compramos, tabaco, relojes, perfumes y una calculadora que aún tenemos guardada en casa y que ha funcionado hasta hace muy poco. Sin embargo, el recuerdo más profundo e impactante fue el de ver personas vestidas con chilabas, atuendo habitual de muchos vecinos que practican la religión musumana y son rigurosos en el seguimiento de sus preceptos; aquellas indumentarias me provocaron alguna suerte de impacto mental que no ha perdido un ápice en la edad adulta; siguen generándome una honda curiosidad y respeto, eso sí, exenta del temor que me infundieron la primera vez que las ví con sólo cinco añitos.
No hay comentarios:
Publicar un comentario