martes, 20 de octubre de 2026

El palo

 Quedaba poco para llegar a la casa de mi alumna y vecina a la que doy clase de lengua y gramática; iba dando un pequeño paseo para hacer tiempo ya que llegaba pronto; me cruzo con una pareja joven con dos niños muy pequeños; uno va en su cochecito, que empuja el padre; la madre anda pendiente de la mayor, una niña de unos cuatro años que va pertrechada con su baby de guardería, caminando a su lado.

 Cruzamos los cinco por un paso de peatones, en medio del mismo a la niña se le cae una rama de árbol que llevaba en la mano; es entonces cuando al terminar de cruzar, amaga con darse la vuelta y volver a recoger el palo que se le había escurrido entre los dedos.

 La madre le alerta de la inconveniencia y del peligro de cruzar la calle y tira de ella; la pequeña se planta cruzada de brazos y empieza a llorar desconsoladamente, justo delante de un coche que el padre acaba de abrir y en donde empieza a depositar cosas en su maletero.  

 Veo la escena, la cría sola en medio de la cera con su llantina y los padres a un par de metros plegando el cochecito para guardarlo dentro del vehículo. Es entonces cuando decido intervenir y desandando mis pasos, vuelvo a cruzar la calle, recojo el palo donde había quedado tras desprender de la manita de la niña y me acerco a ella para entregárselo: 

- ¿Se te ha caído esto? 

 Al principio me mira confusa, al tiempo que deja de llorar, duda  si extender el brazo y coger lo que mi mano me tiende; seguramente en su cabeza martillea el mensaje de no hablar con extraños que habitualmente se transmite a los más pequeños para evitar sustos; tras unos instantes de cavilación , al fin coge el palo seria pero con semblante tranquilo, me da la espalda y comienza andar en dirección al coche.

  Miro fugazmente a la madre que me sonríe y me da las gracias de ese modo, no hace falta decir nada, ese simple cruce de miradas cómplices basta; mientras me marcho para atender a mi compromiso; a mi espalda oigo cómo la madre dice a su hija:

- ¿ Has dado las gracias al señor? 

 Ya no me da tiempo de escuchar qué respuesta le ha dado. Es lo de menos; me voy contento y con la sensación agradable de haber hecho algo bueno de la manera más simple e inocente. 

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