Igual que en Adamuz hace unos meses y ahora en Los Yébenes.
Inexplicable, incomprensible. La muerte sobrevenida, inesperada, deja un vacío helador, incluso cuando la ves desde fuera.
Ahora que sus cuerpos están calientes,respeto y reconocimiento, apoyo y ayuda a sus familias en el duelo; cuando enfríen, si no antes, vendrá la tormenta. A cuatro semanas vista, no podía ser de otro modo.
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