jueves, 14 de mayo de 2026

Mediocres

 Ahora que posiblemente viva sus últimas horas en el puesto, arrecian las críticas, especialmente las de aquellos que ya alertaban que la mediocridad del personaje, cuya gestión no ha hecho otra cosa que ampliar el sentimiento de debilidad de un país que nada por una especie de vacío extraño, sin sus anclajes tradicionales y sin tener claro qué lugar le corresponde ahora en el mundo.

 Keir Starmer, Prime Minister del Reino Unido, vive el más que previsible final de su corto mandato como inquilino del número 10 de Downing Street, esa callejuela minúscula que alberga la sede de la presidencia del gobierno en las islas.

 Acuciado por los suyos, que le consideran responsable de la deblacle en las últimas eleciones locales, así como del crecimiento de los radicales de derechas, cuyas proyecciones demoscópicas le situan en el liderazgo en una hipotéticas elecciones al parlamento,  aguanta acorralado antes de de ceder el puesto. Desde hace unos días el suelo cede bajo los pies de un partido como el laborista, cuya disputa entre bambalinas no arroja un sucesor de garantías, que aleje de la opinión pública la sensación de falta de carisma y liderazgo que atosiga ahora a las instituciones.

"Los votantes británicos ya sabían que el líder laborista no sabe dominar el escenario; se han dado cuenta de que tampoco sabe llevar la sala de máquinas", leo en la tribuna de un diario español que se hace eco de la situación; alguien dirá que a perro flaco, todo se vuelven pulgas y que las críticas siempre son fáciles cuando el interpelado vive sus horas más bajas y enfila la calle de salida, presumiblemente poco honrosa y propiciada por sus propios correligionarios. 

 La pregunta es si, la gente ya sabía que votaba a un mediocre, ¿Por qué lo ha hecho?, porque no había otras opciones, tal vez sea a respuesta.

 Lo cierto es que ese es uno de los problemas que plantean los sistemas democráticos, que aupan a puestos de responsabilidad a sujetos que no siempre reunen los requisitos necesarios para desempeñar esa labor. No hace falta mirar sólo a la city londinense, otros muchos, también con funciones de gran responsabilidad, comparten con el todavía primer ministro británico, esa dudosa cualidad, esa falta de cualificación, carencia de virtudes políticas, tacto, sentido de Estado, previsión y perspectiva estructural, en un mundo como éste en el que las proyecciones a largo plazo brillan por su ausencia.

 Las prisas, la urgencia en conseguir cosas, el famoso cortoplacismo, no puede traer nada bueno en cuestiones que requieren que se cuezan a fuego lento.  En el fondo detrás de las calamidades que observamos en las altas esferas, hay un punto de unión con el resto de cosas, esa filosofía de vida del usar y tirar en la que vivimos instalados y de la que hablaba Zygmunt Bauman.

 Todo está mas conectado de lo que parece. Si cuando miramos hacia arriba sólo vemos mediocridad, tal vez debamos preguntarnos en dónde se encuentra el origen del mismo, más si cabe si sobre política estamos hablando.   

  

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Mediocres

 Ahora que posiblemente viva sus últimas horas en el puesto, arrecian las críticas, especialmente las de aquellos que ya alertaban que la me...