Tal día como hoy, hace quince años, se nos fue. Había sufrido un desvanecimiento tres años antes en un aeropuerto y las pruebas que le hicieron para buscar las causas de ese mareo, dieron como resultado un diagnóstico duro: un tumor cerebral que requería intervención quirúrgica. Lejos de amilanarse decidió luchar contra él sin importarle el tamaño de la adversidad, como hacía en el campo cuando jugaba.
Aunque tenía dinero y podría haber elegido para su tratamiento cualquier hospital privado del mundo, decidió tratarse en uno público de su país, convencido de que teníamos, (y tenemos), un sistema sanitario competente; Fue intervenido hasta en cuatro ocasiones en el Hospital Puerta de Hierro de Madrid y sometido a quimioterapia para tratar de aniquilar el mal que le aquejaba, todo en vano.
Retirado en su natal Pedreña en Cantabria, rodeado de los suyos, en la madrugada del 7 de mayo de 2011, cuando contaba la edad que tengo ahora, apenas cincuenta y cuatro años, dejó de respirar.
El hijo de caddy de un campo de golf de ricos en el norte de España, el que se hizo un nombre en el deporte de este país e irrumpió con un talento desmedido en el circuito de ese deporte entonces minoritario y exclusivo, ganando torneos a las vacas sagradas estadounidenses, poniendo en órbita a los jugadores europeos frente a los del coloso americano, el golfista que cambió la suerte del golf profesional, se fue cuando apenas habían comenzando los mejores años de su vida.
Severiano para nosotros, Seve para el mundo anglosajón, seguramente no se imaginaba la huella que lograría dejar, convirtiéndose en un icono y en un referente del deporte global. Gracias a sus logros, que veía de niño por la televisión, en la segunda cadena de RTVE, en retransmisiones conducidas por Matias Prats hijo, me enamoré de un deporte que hoy practico, gracias a él, obsesionado en convertir el golf en un deporte asequible para todo el mundo, como si esto fuera Escocia. A fé que lo consiguió.
Nadie muere si es recordado; perdiste una batalla, la de la vida, pero en cambio ganaste la de la inmortalidad, la que hace que estés presente en todos nosotros cuando salimos a campo a jugar unos hoyos gracias a ti, a tu áurea, a tu carisma. Gracias Seve.
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