El amor desmedido por los animales puede llevar a casos extremos, como el que muestran unas imágenes que se han viralizado, en las que se ven hacinados decenas de perros en una casa en el Reino Unido; lejos de ser un montaje de la inteligencia artificial, es una muestra de una práctica que se está conviertiendo en algo más habitual de lo que parece.
Abarcar más de lo que se puede trae consencuencias como ésta. Más de doscientas cincuenta mascotas apiñadas en una casa, sin alimento suficiente y en unas condiciones de higiene que son caldo de cultivo de enfermedades y de descontrol poblacional, al promover el apareamiento entre animales que no están estirilizados. En ocasiones el deseo de ayudar puede convertir la situación en un asunto que concierne a la salud pública y lejos de solventar un problema, (como es recoger de la calle a un animal desvalido), se crea un problema grande; lo denominan a quienes hacen estas cosas, como personas afectadas por el síndrome de Noé.
En qué momento la cabeza de una persona pierde el norte, hasta el punto de no percartarse del problema que se está creando; como sucede con el síndrome paralelo de Diógenes que caracteriza a personas que recogen de la calle cosas que consideran útiles o que les da pena ver abandonadas, convirtiendo sus hogares en un cementerio de basuras insalubre.
Tal vez sean derivas de un mundo en el que las referencias se disipan, aunque se refieran a un porcentaje bajo de la población que es quien sufre estos transtornos del comportamiento, especialmente frecuente entre personas mayores que palian su soledad con este tipo de actitudes. Como suele suceder, detrás de un problema se esconden unas causas que no por ser conocidas se combaten. La soledad, acabará siendo el gran síndrome de esta época, salvo que cambien las inercias, los hábitos y se desarrolle de algún modo una empatía social que está de capa caída o es, simplemente, inexistente.
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