Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




viernes, 16 de mayo de 2014

Patriarcalismo

 La fuente donde se cuece el comentario de esta entrada procede de un debate electoral, celebrado anoche por razón y cuenta de la próxima convocatoria de Elecciones al Parlamento Europeo, entre los contendientes de los partidos mayoritarios que vertebran la democracia española y de los cuales esta se vale para dirigir instituciones y hacer efectivo el cauce de representación participativa que caracteriza al sistema.

 Como viene siendo habitual, las escasas dos horas de intercambio de comentarios e ideas dieron para poco; para nada más bien, a tenor de la superficialidad de las propuestas de uno y otro portavoz, cuya carestía de argumentos pone de manifiesto el por qué del hartazgo y desafección de buena parte de la ciudadanía, que no siente que se le represente de este modo. El enfrentamiento dialéctico apenas deja rescoldos que alimentar: las mejores formas y tablas de la candidata de la izquierda ( sentada a la derecha de las pantallas), frente a un tosco, nervioso y falto de experiencia en estas lides mediáticas, candidato de la derecha, cuyo tono llano y campechano habitual,  anoche naufragó en medio de estadísticas impresas con datos que apenas lucían en pantalla bajo un pulso tembloroso y directrices de asesor de campaña que dieron a su discurso un bagaje pobre e irreal.

 Hasta aquí cabria hablar de lo acaecido anoche. Otro debate insulso y sin ideas, perpetrado por las fuerzas mayoritarias en su afán de acotar el debate político a lo que sus partidos representan. A diferencia de otras convocatorias electorales, en fechas venideras se celebrará otro debate entre más fuerzas parlamentarias, pero siempre postergado a un estudiado segundo plano y a las limitaciones que conlleva un debate entre varios. El bipartidismo atenuado, como lo llaman los expertos, mantiene intactas sus estructuras de conducción de la opinión publica, limitada a ventanas de información siempre tuteladas por los mismos y con los mismos contenidos resabiados.

 Sin embargo, la resaca del enfrentamento televisado ha venido cargada de chicha, toda la que el evento en sí no tuvo. A las lógicas reacciones post debate que dan el juego necesario para alimentar tertulias, artículos de opinión y reacciones a pie de calle, el día después y ante la mayoritaria impresión de derrota abrumadora cuya consecuencia en la urnas es, a día de hoy seguramente, escasa por no decir nula, el candidato de la opción conservadora, quizá impelido por el consejo de algún asesor, o por su propio orgullo y ego, (me atrevo a decantarme más por esto último), se ha descolgado con unas declaraciones en las que asegura que fue benévolo con su contrincante por no parecer machista. El debate entre un hombre y una mujer en política es muy complicado. El culmen de sus declaraciones viene refrendado con este último testimonio:  Si haces un abuso de superioridad intelectual, parece que eres un machista y estás acorralando a una mujer indefensa.

 ¿Cómo reaccionar ante esto? Varias son las reflexiones que me merece la disertación.

Primera.- Se trata de un debate político. En él, el candidato ha de olvidar toda condición para limitarse a transmitir las ideas de su programa, y por extensión las de su partido. En todo caso se trata de demostrar la superioridad intelectual del programa frente a la del adversario, no están en pugna las cualidades de las personas.

Segunda.- De las palabras del señor Arias Cañete solo puede observarse un desprecio absoluto hacia la señora Valenciano, como oponente, lo menos grave sin duda, y como mujer, algo reprobable. Es la reacción propia de aquel que se considera superior por tener un mayor expediente académico o conocimiento de lenguas. Pero en política se trata de debatir ideas y son esas mismas, las ideas y nos las personas, las que deben quedar por encima o por debajo.

Tercera.- La actitud protectora del ex Ministro de Agricultura, que podría haber ido más lejos y no lo ha hecho, por respeto a la condición femenina de la contrincante, siempre según sus palabras, denota un claro tono machista. ¿ Le han pedido acaso en las condiciones de debate que limitara su campo de acción teniendo presente que su adversario era una mujer?, ¿ Acaso por ser una fémina no esta cualificada para encajar los golpes que su mente preclara y superior iba a propinarle? ¿ O es simplemente que este señor tiene un mal perder y no quiere reconocer la evidencia, que no es otra que su oponente estuvo más lúcida, templada y solvente que él mismo, dentro del tono generalizado de mediocridad que caracterizó el envite?

  A las mujeres de este país le sobran hombres que adopten posturas paternalistas y le hacen falta gentes que las traten de igual igual, que es a fin de cuenta lo que son. La actitud del señor Arias Cañete ha puesto de manifiesto, una vez más la estrecha linea de separación que hay entre lo público y privado en las relaciones de género. Y es que el ámbito de lo público,  por mucho que se quiera ver exento, no es ajeno a ese contrato de subordinación al que condenamos a las mujeres al otorgarles el rol que les otorgamos, antes como madres y esposas que como trabajadoras y profesionales libres. Llegara el día en que algo tan sencillo como reconocer que una mujer ha sido mejor, no cueste, si no que además no hiera el orgullo de macho de nadie. Pero no nos engañemos. Queda un mundo por recorrer para que eso acontezca.