Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




jueves, 15 de noviembre de 2012

Resaca de huelga

 Punto y seguido. Tras el día de parón laboral, vuelta a las rutinas después de haber vivido otro nuevo episodio de huelga convocado para el día catorce de los corrientes con carácter general y por  espacio de 24 horas. Es extraña la sensación de día después, parece la resaca propia de un festivo pero con sensaciones controvertidas en lo referente al día transcurrido. Sensación de no haberlo aprovechado como era debido a nivel individual, dudas de si ha servido a nivel colectivo...

 Como era de esperar, los medios se han hecho eco de un modo dispar de lo acontecido en el día de ayer. A las clásicas guerras de cifras en lo relativo al número de asistentes a los actos convocados  en todo el país, se suman las crónicas de episodios violentos protagonizados por piquetes informativos sindicales, policías antidisturbios y transeúntes. La imagen de un crío de apenas trece años con la cabeza ensangrentada es, posiblemente una de las imágenes, sino  la foto fija que quede en la retina colectiva a la hora de recordar este día de paros.

 Es la segunda huelga general en menos de un año que las centrales sindicales convocan como protesta por la política de recortes y austeridad que viene implantando a paso lento pero firme la actual administración del gobierno Rajoy, auspiciada y avalada por las altas esferas de la Unión Europea y demás estamentos económicos de índole global. Como era de esperar, las reacciones por parte del ejecutivo hablan de enroque en una postura que defiende como única posible para sacar adelante los mimbres cada vez más deteriorados de una economía que sigue enquistada en su particular proceso de recesión y decrecimiento. No hay otra opción, solo hay una receta: O se hacen las cosas así o no hay futuro.

 ¿ No hay otra opción? Sin entrar a valorar las razones que invitan a intentar paralizar un país ( cosa que cada vez parece que se consigue menos), a lo largo de una jornada o si la estrategia de oposición por parte de los sindicatos es la adecuada o no en tiempos difíciles cabe hacerse nuevamente la misma pregunta: ¿ No hay alternativas a lo ya visto?

 Dicen que las etapas de crisis sacan lo peor y lo mejor de quienes las sufren, en todos los ámbitos de la vida donde se quieran considerar. En el caso que nos atañe aquí, sacan lo mejor de la gente, cuya capacidad de sufrimiento, solidaridad y movimiento en pos de unas mejores condiciones están permitiendo paralizar acciones como las de los desahucios bancarios que hoy son tema de debate y motivo de legislación y regularización en instancias superiores como  el mismísimo Parlamento. La iniciativa en pos de una causa justa la lleva la ciudadanía en la mayoría de los casos de un modo espontáneo o poco organizado, mientras que aquellos entes creados para representar a los ciudadanos y, por tanto, ejercer el necesario liderazgo de los mismos, los partidos políticos, viven a remolque, actúan cuando se les empuja a ello, son reactivos en vez de proactivos, viven inmerso en la marea que mueve la calle incapaces de orientarla o reconducirla. Baste como colofón a esto comprobar la actitud del principal partido de la oposición que, en una decisión que parece haber pasado inadvertida, o de la que se habla poco, decidió adherirse al paro generalizado esgrimiendo como argumentos que en España, se vive peor. Incapaz de plantear iniciativas, mejor dejarse lle
var por los dictados que marque la calle.

 
 ¿ Se están cambiando los papeles en materia de liderazgo político? Si es la calle la que lidera y los  partidos los que siguen las iniciativas de estos, ¿ Tiene sentido la democracia representativa en los términos actualmente contemplados? Parece una consigna cada vez más consistente: aquellos que gobiernan se supeditan a los poderes de facto económicos mientras que aquellos que aspiran a gobernar dejan que la corriente de la calle les lleve por la senda del descontento y desgaste; no hay mejor argumento para ejercer la oposición que buscar el agotamiento de quien está para aspirar a sustituirle.

 Detrás de estos cambios está ineludiblemente el tan cacareado cambio ideológico en que nos encontramos inmersos. La caída del muro de Berlín, en  el ya lejano ocaso de los años ochenta, supuso la puntilla para la caída de un bloque, el comunista, que no solo permitió el desmembramiento de la URSS, si no la caída de toda una concepción ideológica que no ha encontrado recambio ni sustituto en los años postreros. La lucha entre opuestos que argumentaba Maquiavelo a la hora de definir su concepción de la política, brilla por su ausencia al no tener el concepto liberal oposición alguna desde el otrora rocoso bando izquierdista. A medida que los años han ido pasando desde ese momento de la caída del muro,cuyo aniversario celebramos
en estos días ( nueve de noviembre de 1989), hemos visto como los partidos del bando opuesto han pasado de la tercera vía laborista a la inglesa a diferentes opciones de socialdemocracia cada vez más descafeinadas y perdidas en un mar de progresía disperso, ausente y hueco en contenidos y alternativas.

 ¿ No hay otra opción?  La pregunta anteriormente expuesta parece en estos momentos un enigma irresoluble. Nada ni nadie tiene argumentos que enfrentar a una ideología económica que, en mitad  de la crisis más terrible que haya conocido la humanidad antes, lejos de hacer aguas o venirse abajo, se mantiene incólume; Con la misma receta con que empobrecen al populacho buscan resarcir al mismo, amparándose en complicadas variables macroeconómicas y argumentos de carácter contable con los que justificar políticas e iniciativas. Todo son números, todo son balances, todo se reduce al más puro sometimiento a unas cuentas que si no salen no pueden dar sostenimento a ningún tipo de contraprestación a quienes las financian con su dinero y esfuerzo.

 Que nadie dude que las cosas cambiarán, vistas las actitudes y alternativas que se plantean. Pero mientras se produce día a día la gran paradoja: solo en la calle se intenta hacer política como la de antaño. Los demás solo hacen reconciliaciones contables.