Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




miércoles, 14 de noviembre de 2012

Madrid Arena



  No era mi propósito, como no lo viene siendo de hecho si se revisan las entradas que componen este espacio, confeccionar este nuevo artículo con relación alguna al anterior comentario registrado. Pero lo cierto es que tras mi particular y personal revisión de la costumbre del día de difuntos he optado por continuar con la labor de publicar introduciendo unas pequeñas reflexiones entorno al desgraciado caso del Madrid Arena.

 El pasado día 1 de noviembre nos levantamos con el horror de saber que una de las muchas fiestas que se habían celebrado la noche de halloween había terminado en desgracia. Tres chicas de entre diciocho y  veinte años, morían como consecuencia de una avalancha o montonera ocurrida en uno de los vomitorios del recinto donde se celebraba el evento, el palacio multiusos Madrid Arena, en plena Casa de Campo. Como si se tratase de una macabra forma de recordarnos el día en que estábamos, este transcurrió entre la confusión por lo que había sucedido y el dolor de las pérdidas irreparables de tres chicas jóvenes cuya muerte  hizo estremecer a todos los padres que tienen hijos en edad adolescente.

 Era obvio que este caso no quedaría en un mal recuerdo digerido en mitad de un puente de cuatro días. Poco a poco y a medida que se iban filtrando informaciones sobre lo que los testigos iban declarando y los medios se iban haciendo eco de las primeras conclusiones derivadas de la investigación policial,  la frustración y pena dejaban paso a una indignación que no parará hasta pedir primero respuestas y después responsabilidades por lo acontecido. Como guinda a tan luctuoso pastel, el fallecimiento de una tercera persona, esta, además, menor de edad, ha terminado por enturbiar el asunto.

 Al menos quince mil jóvenes decidieron darse cita en el recinto habitualmente deportivo de la capital madrileña para celebrar la importada celebración de la noche de los muertos, bailando al ritmo de los compases de la música pinchada por uno de los dj más activos y seguidos del momento. Involuntariamente y sin quererlo la expectación que este levantaba entre la chavalería provocó un literal choque de trenes en uno de los pasillos de acceso a la pista del recinto que obviamente no estaba habilitada para asumir semejante volumen y tránsito de personas. En un primer momento se creyó que la avalancha humana vino propiciada por el lanzamiento de bengalas dentro del recinto, aunque más adelante esa tesis ha perdido fuerza hasta el punto de descartarse.

 Muchas son las interrogantes que inevitablemente nos preguntamos todos. Los que hemos estado en ese pabellón asistiendo a otro tipo de eventos (un partido de baloncesto en este caso), no terminamos a comprender como se puede habilitar un recinto como este, no especialmente caracterizado por su amplitud, existiendo otras instalaciones en Madrid de titularidad minicipal,  para dar cabida a un concierto multitudinario como este, cuyas previsiones de afluencia de público seguramente eran muy altas desde el inicio. ¿ Por qué ese pabellón y no otro espacio más amplio?

 Entraríamos en cuestiones de las que poco se hacen eco los medios, más pendientes de depurar responsabilidades entre los organizadores y la administración titular y por tanto responsable de las condiciones del recinto. La alcaldía está afectada de lleno hasta el punto de haber registrado su primera víctima política con la dimisión del responsable del área de economía del ayuntamiento, imputado además por la fiscalía que lleva el caso en los tribunales.

 Para abordar el tema desde otro punto de vista quizá fuese oportuno lanzar una pequeña pregunta que invite a la reflexión. ¿ Qué se celebraba esa noche en el Madrid Arena? ¿ Un simple concierto? La realización de actos multitudinarios noctámbulos en recintos apartados como este, cuya ubicación aleja a los mismos de
zonas residenciales tiene por objeto evitar las molestias que solo una marabunta de miles de persona puede ocasionar a efectos de contaminación acústica y desposición de residuos de todo tipo. Evidentemente la noche del 31 de octubre se celebraban dos actos paralelos e íntimamente imbricados: un concierto y un macro botellón derivándose de los mismos una combinación que en no pocas ocasiones genera resultados nefastos: demasiada gente + demasiado alcohol = PROBLEMAS

 Alejar a estas algaradas de público ansiosas de ocio y divertimento puede ser positivo desde un punto de vista de respeto a los derechos de los convecinos, pero en absoluto significan que permitan mantener bajo control una situación potencialmente conflictiva. La casa de campo es como una trastienda donde se deja a todo el mundo a su suerte y a su libre albedrío, relajando las necesarias medidas de control y seguridad que obviamente se hubieran llevado a cabo si el espectáculo musical se hubiese realizado en otra instalación de la capital, llamémosla " más comprometida" por se su ubicación menos apropiada.

 Todo suma. Todo cuenta. habrá que depurar responsabilidades y pedir cuentas si, a quienes se han lucrado de manera excesiva vendiendo más billetes de los que permitía el aforo habilitado, a quienes desde la administración no han sabido prever los posibles riesgos de una concentración de tal magnitud, desplegando un dispositivo de seguridad externo irrisorio y sin tener constancia de que se haya realizado labor de coordinación alguna con la seguridad privada presente en el interior del recinto.

 Los profesionales de la justicia evaluarán las pruebas de cargo y a resultas de las mismas impondrán las sanciones y penas que estipule la ley pero queda por determinar otras responsabilidades estas últimas de tipo ético y moral:  ¿ Saben los padres donde van sus hijos? La menor fallecida aprovechó la ausencia de sus progenitores para, falsificando un carné que seguramente nunca le pidieron a la entrada, asistir a un concierto que tal vez en otras condiciones no hubiera visto jamás.

 No se trata ahora de reorientar a nuestros jóvenes ni de decirles que dejen de hacer botellones o de asistir a macro conciertos; Si se trata de elevar en la medida de lo posible los niveles de alerta y concienciación  de la sociedad; se trata de estar al tanto de sus actividades y de buscar los medios que redunden en su seguridad. Solo evitando la relajación y la despreocupación podremos concienciar a unos ( los menores) y exigir a otros ( las administraciones) para que hechos como los acaecidos en la fatal víspera de difuntos no vuelvan a producirse.

 Aún queda otra joven ingresada a raíz de tan desgraciado evento. Aunque nunca probablemente tendrás acceso a estas reflexiones porque es casi seguro que no sepas de mi existencia, solo quiero decirte que estas lineas van entéramente dedicadas a ti. Recupérate pronto María Teresa