Dos documentales visionados este fin de semana, de dos personajes públicos de gran notoriedad, que terminaron cayendo en desgracia como consescuencia de sus excesos. Dos individuos que tienen en común su año de nacimento, (1960), así como sus adiccion al sexo.
La muerte de Dios es un documental biográfico de 2021 dirigido por Iván Kasanzew, que cuenta las miserias de Diego Armando Maradona, cuya bajada a los infiernos por culpa de las drogas terminó con un fatal desenlace, con su propia vida antes de tiempo. Padre de cinco hijos reconocidos y de algunos más que no lo han sido, el documental da cuenta de la personalidad excesiva, desbordada por la pasión que su futbol y personalidad generó en su país, obviando los abusos, vida disoluta y dislates de un mujeriego compulsivo que no supo ni pudo salir de la adicción a la cocaina.
El príncipe Andrés: Destituido es por su parte un documental también biográfico de 2022 dirigido por Jamie Crawford, en el que se relatan las correrías sexuales del hijo mimado de la Reina Isabel II. Ligado su nombre al del proxeneta Epstein y su compañera Ghislaine Maxwell, expediente cuyos fondos no paran de generar novedades incómodas, muestra la vida de un personaje público, sobrepasado por su rol real, sus ínfulas de vida ampulosa, el fracaso de su matrimonio y su falta de ubicación en la vida tras pasar la página de héroe militar en la Guerra de las Malvinas; sin llegar a ser condenado por delito alguno, se vio en la necesidad de llegar a un acuerdo con la demandante Virginia Giuffre, quien le acusó de abuso sexual cuando ella aún era una menor, fallecida por suicidio hace algo más de un año. Más recientemente fue arrestado en una operación policial sin precedentes contra un miembro de casa real alguna, por cuenta de su vínculo con el fallecido explotador de mujeres en 2019, a quien se encontró muerto por suicidio en su celda de prisión. La correspondencia entre ambos está bajo investigación a día de hoy y promete dar novedades en el futuro.
Dos personas que lo tenían todo; uno de cuna, por ser hijo de quien era; el otro por su talento con un balón, que le permitió salir de la pobreza más absoluta y convertirse en un ídolo. De lo más alto cayeron a lo más hondo, demostrando que en la vida no basta con tener para ser alguien; sin integridad, principios y vida ordenada, nadie está libre de bajar a los infiernos por muy altas que sean las torres de su castillo.
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