martes, 1 de septiembre de 2026

Laguna de Campillo

 Apenas son las ocho de la mañana cuando paso delante de las instalaciones de PACADAR, en unas naves que lucen desangeladas, oscuras, con muros deslucidos que dieran la sensación de abandono. Nada más lejos de la realidad; tal vez esa impresión de lugar en ruinas  se acrecienta con la soledad de un domingo por la mañana por la zona, en la que apenas me cruzo con algún ciclista; contiguo a la nave industrial aparecen las vías del  viejo tren reconvertido en turístico, Tren de Argandael tren que pita más que anda, como dice el popular dicho. 

 Justo detrás, lucen pacientes y relucientes con el primer sol de la mañana las aguas de la Laguna de Campillo, un humedal artificial alimentado por las corrientes del Río Jarama, que encuentran en esta hondonada una vía de escape provocada por la empresa próxima y sus excavaciones de áridos y grava, que al llegar al nivel freático del terreno provocaron la inundación.


 Qué contrastes, ante las instalaciones herrumbrosas e industriales se erige un paraje natural que ha se convertido en ecosistema propio, con aves que encuentran en este páramo un lugar de reposo en sus migraciones, así como otras especies autóctonas que habitan en sus cañaverales. Lugar habitual de paseo, de aprendizaje con su centro de interpretacion de datos y de esparcimiento en las inmediaciones del viejo pueblo de Rivas, hoy convertido en una inmensa ciudad dormitorio de Madrid.

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