Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




martes, 2 de mayo de 2017

El metrobus

 Te adquirí sin quererlo en La Cuesta de Moyano, cuando compré  Lo raro es vivir, de Carmen Martín Gaite.Te encontré oculto en la página setenta y siete,y me dejó perplejo tu diseño vetusto y pasado.  Fue entonces cuando fui a las primeras páginas, para ver qué edición del libro había comprado, y vi que era de mil novecientos noventa y siete. Una de las primeras ediciones, de un libro publicado por Anagrama el año anterior.

 Entonces me cuadró tu formato, la redondez de tus letras y números, lo difuminado de tu color. Y sin hacer más averiguaciones, sin buscar en internet algún historial de billetes de metro, me puse a pensar.


 Si a pensar. A pensar en lo que estaba haciendo yo en ese año, mil novecientos noventa y siete. Estaba considerando iniciar los cursos del programa de doctorado, que eran todavía un proyecto, que se acabó convirtiendo en una realidad. Fue el año en que decidí no volver a Tenerife y quedarme en Madrid. Aquí me di de alta en la Seguridad Social, y mi número de afiliado siempre será gato al empezar con un veintiocho. Fue desde luego un año de mucho trasiego en transporte público, gracias a mi obstinada idea de no tener transporte privado propio, ni licencia de conducción. De Conde de Casal a Somosaguas, de  Somosaguas a Pozuelo, a la Avenida de Europa para trabajar en mi primer restaurante como camarero; serían muchas las horas que en transporte público pasaría, amortiguando las horas de trayecto con la mayor de mis pasiones:  la lectura.

 No me conformé con mirarte por delante. Tuve curiosidad de ver las fechas imprimidas en el torno con su timbre de tinta azul para acceder al servicio de transporte. Allí encontré que aquellos diez viajes apenas se habían consumido en tres días de junio. 


¿ Qué estaría yo haciendo en esos días de incipiente verano?  Tal vez estaba en Tenerife ensayando mi proyecto de desembarco de vuelta a la capital. Nunca olvidaré aquella mañana en que acompañé a mi madre al banco, y tras hacer la gestión de turno, consultamos a aquel director de sucursal, gracias a la pregunta de mi madre de si no habría trabajo para mí en aquel banco.

.- Hijo, yo que tu me volvería a Madrid y me buscaría la vida allí. Por poco que puedan ofrecerte, siempre será más que lo que esta isla tiene para ninguno de sus jóvenes. 

 Hoy que parece que esta en boca de todos, que los jóvenes no tienen futuro ni trabajo, esa retahíla de vete fuera que estarás mejor que dentro, ya nos la habían contado a nosotros también. Aquellos fueron años de poco trabajo, de muy mala calidad, de mucho contrato temporal y por horas. Tanto que parece sorprendente ver a algunos que compartiendo edad piensen que ahora estamos peor que nunca. Es como si nos gustase regodearnos en la mierda y darnos baños en el lodazal. Quizá porque es más fácil sentir pena y ser cobarde  que ser osado y buscar mirar adelante pese a las difucultades. O tal vez porque seamos por defecto así, pesimistas y pobres de miras, incapaces de labrarnos un camino de oportunidades porque solo esperamos a que otros nos las ofrezcan, y si no hay quien lo haga, es que todo está mal...

 Dejo de divagar, querido billete. Solo me queda comentarte que parece una broma cómo te encontré Enterrado en mitad de la página, lo que seguramente ha hecho que hayas quedado ahí oculto y bien asegurado, y hayas llegado  hasta mi después de veinte años. En la página setenta y siete del libro. Para más casualidad, la protagonista, que vive un momento de zozobra personal, habla sobre el sentido de la angustia y menciona a Kierkegaard,  y yo que tengo exámenes ahora a mediados de junio de universidad, una vez que a los cuarenta me he decidido, por fin, a estudiar la carrera de mis sueños, me encuentro con que en este momento estoy estudiando al filósofo existencialista danés...

 Es una pena que sea tan racional, que no sea nada dado a hacerme pajas mentales, ni a creer en coincidencias y casualidades,  pero me ha resultado cuando menos sorprendente ver como gracias a ti a un simple billete de metro de diez viajes, he vuelto a recordar los días en que empezó todo...