Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




miércoles, 18 de enero de 2017

Duelos

 Decía Maquiavelo que la política era una lucha entre opuestos, una permanente disputa entre adversarios, algo que se ajusta a la época que le tocó vivir al secretario florentino, llena de conflictos y de contubernios y que puede proyectarse a cualquier otra época, en lo que forma parte de la base del pensamiento de un autor que se ha ganado por derecho propio la consideración de fundador de la ciencia política moderna.

 Lucha entre opuestos; normalmente por opuestos solemos visualizar a elementos que forman parte de diferentes camarillas, pero cuando la lucha es interna y afecta a inquilinos de la propia agrupación, la cosa parece alcanzar un cariz diferente. Desde luego entraría en la categoría de lucha que visualizaba Maquiavelo hace quinientos años, pero tiene otro suerte de matiz que la hace necesariamente diferente a la pugna entre siglas, y desde luego más apasionante.

 En esos términos parece moverse ahora la política en España. Hemos entrado en una especie de impasse, en donde la dialéctica entre partidos parece soterrada en pos de una confrontación directa entre sujetos que militan bajo las mismas consignas. Ocurre además de forma sistemática y afecta a las tres grandes agrupaciones de electores que aglutinan el voto de dieciocho millones de ciudadanos.

 En esas cuitas anda el Partido Socialista, al que el ruido de sables que acabó con la decapitación de su anterior secretario general, ha dejado paso a un periodo de calma chicha donde una gestora de rostro amable y aspecto conciliador solo disfraza la realidad de un partido, carente de liderazgo claro desde la caída de González y cuyo debate sobre su liderazgo quedo en el limbo gracias al inesperado éxito de Zapatero y su talante. Todo apunta a que se producirá una reedición del Pacto del Betis, aunque no queda claro en que términos ni quien se llevará el gato al agua, básicamente porque las condiciones del partido son ahora otras. Al igual que entonces la agrupación vasca y la andaluza litigan por alcanzar un poder que entonces se repartió entregando el liderazgo del PSOE a los andaluces y el de la UGT al líder de los vascos. Hoy día ese reparto requeriría de otras prebendas que entre otras cosas, necesitarían de alguna suerte de  acomodo que ofrecer al ex líder del partido y a sus partidarios, nada proclives a favorecer, al menos por ahora, un enjuague como el que López y Díaz parecen prestos a dirimir en las próximas semanas, vísperas del necesario congreso que reactive al partido.

 Continuando por la izquierda, la lucha de opuestos tiene dos oponentes en las filas del partido morado, que próximos a debatir las lineas de acción  de sus siglas en la plaza de toros de Carabanchel, vienen desde hace semanas ofreciendo un espectáculo de debate en relación a que linea seguir cara al futuro: si continuista y  a pie de calle como defiende el sector próximo a Iglesias o más templada e institucional como parece encarnar Errejón. La pérdida de ese millón de votos que hubiera permitido superar en apoyo popular y en escaños al PSOE sigue escociendo en la militancia y sigue sin tener un ajustado y preciso diagnóstico por parte de la dirección de un partido que no parece plantearse la posibilidad de haber tocado techo al menos al  son de las consignas que ha seguido hasta ahora. Es mucho lo que se juega Podemos en los próximos días. La ponencia que salga del denominado Vistalegre II, marcara el rumbo de un partido que en la pugna entre sus dos cabezas visibles, muestra el temor que supone dar un paso adelante necesario si se quiere ser alternativa de gobierno real a la derecha, captando un buen puñado de voto moderado.  

  La derecha. Aparentemente vive un momento  dulce. Ganadora sin paliativos de los dos últimos comicios, su apoyo popular no solo no mengua sino que parece recuperarse, manteniendo el apoyo de un Ciudadanos cuya vasculación entre los dos grandes partidos y sus acuerdos de gobierno, no han terminado de hacerle daño, más bien al contrario, parecen consolidarse como fuerza bisagra equivalente al Partido Liberal alemán o Liberal Demócrata inglés. Socios pues necesarios dan estabilidad a ratos, con el permiso de un PSOE que parece abonado a los acuerdos puntuales para ganar tiempo, ayudando de ese modo al gobierno sustentado por un partido que ve cómo en sus filas están lejos de gozar de paz y sosiego. Desde la atalaya de FAES, el fundador de las siglas modernas de los Populares, quizá consciente de que su baza de recuperar el control del partido a manos de Aguirre, cuya estrella parece decaer por momentos, y sabedor de que los juicios de corrupción que atenazan al PP son en realidad un juicio a sus años de gobierno, busca la forma de revolverse contra su delfín por necesidad, habida cuenta de que el elegido en primera instancia negó la mayor a su mentor, amenazando con volver a la primera linea de fuego, algo inédito en democracia en España, fundando incluso un nuevo partido. En Génova 13 por ahora parecen tranquilos, ahora que han pedido perdón en nombre del Estado por las víctimas del YAK 42, otro varapalo a la gestión de Aznar y al de su entonces Ministro de Defensa; creen que el río no se desbordará, entre otras cosas porque esa salida del cauce solo favorecería a una izquierda dividida que mira por el rabillo del ojo la posibilidad de descomposición de su oponente, al que no puede ganar por falta de voluntad de unión.

 En estas nos vemos. La política en España es de un tiempo a esta parte un duelo entre gallos que viven en uno mismo gallinero y no una disputa entre partidos que pugnan por sacar adelante unas políticas que ayuden a la ciudadanía a solventar sus problemas. Una vez más se demuestra como los políticos hacen política de espaldas a una realidad, la ciudadana, cuya infinita paciencia aún así da pábulo a las intenciones de unos partidos más preocupados de sus disputas que de las necesidades a pie de calle.