Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




miércoles, 18 de enero de 2017

Cortar

.- ¿ Recuerdas aquella casa rural a la que fui con unos amigos el año pasado? Tenía piscina, pista de padel, chimenea... Hemos decidido volver a ir este año el primer fin de semana de marzo. Si te apetece venirte avísame. 

 Apenas una hora más tarde encuentra el mensaje en su teléfono. Tiene puesta la función de silencio, como hace siempre que está en la oficina. Cuando lo ve le huele a cuerno quemado, y durante unos minutos se plantea qué respuesta va a dar.

.- ¿ Otra vez con el padel? ¿ Por qué insiste en proponerme planes en los que siempre hay que ir a jugar al padel?

 Dejó de jugar hace más de dos años. Acabó hartándose de ir de un lado a otro con la bolsa y la pala para jugar allí donde le decían que fuera. Empezó siendo una excusa para hacer algo de deporte y terminó por convertirse en un engorro. Nunca le gustó competir. Al ver que sus amigos se apuntaban cada vez a más torneos y que andaban preocupados por su nivel de juego con puntaciones que iban del tres al siete, terminó por desencantarse. ¿ Dos con ocho, tres con uno? Quien sabe que nivel tendría cuando lo dejó. Arrinconado en una esquina, el paletero va cogiendo polvo día tras día a la espera de que algún día se anime a vender la pala por internet. Si no lo ha hecho ya es porque se la regaló su ex, y le costó una fortuna. Y así en medio de ese extraño sentimiento de culpa que a veces queda con los objetos que tienen un pasado sentimental, deja que ocupe espacio, reparando tan sólo de su existencia cuando saca la bicicleta que comparte espacio de almacenaje con ella.

 Por fin se decide a contestar al mensaje. No quiere ser grosero, pero sabe que tiene que ser claro.

.- Si te soy sincero no recuerdo nada de esa casa rural, pero seguro que me has hablado de ello aunque no lo recuerde. 

 Satisfecho por el tono de la primera respuesta, sin más dilación se lanza al ataque:

.- ¿ Por qué todos los planes que me sugieres tienen que ver con el padel, de dónde sacas que me apetezca volver a jugar cuando ya te he dicho que no juego desde hace más de dos años y  que muy probablemente no vuelva a jugar nunca más?

 Ella aparece al otro lado rápidamente y contesta:

.- Bueno si no quieres jugar no tienes por qué hacerlo...

 Sabe que el padel es solo la gran excusa, y posiblemente también una necesidad. Desde noviembre que os conocisteis, te ha sugerido en alguna otra ocasión quedar con su pandilla, cuyo principal argumento a la hora de reunirse es la de quedar para jugar al padel por parejas. Si el plan de la pandilla fuera otro te propondría otras cosas, pero ella, con sutileza poco elaborada recurre siempre al mismo plan porque sólo a él puede recurrir para presentarle en sociedad. 

.- Te lo propongo porque  eres majo, y como vamos sin niños, igual te podría apetecer.

 Ella es mayor que él y tiene dos hijas adolescentes, al igual que el resto de la pandilla de divorciados a la que pretende incluirle. No en vano en varias de las citas ya le ha hablado del grupo, del buen rollo que tienen, de los planes y viajes que hacen, de las aventurillas que incluso entre algunos de sus miembros ya han surgido. De repente parece verlo claro. Es obvio que ella busca darle certificado de oficialidad a su relación, pese a que apenas se han visto cuatro o cinco veces tan solo y el no tiene claro haber empezado nada con nadie. Las citas, espaciadas por el tiempo, varían en función de la custodia compartida; solo cuando las niñas están con su padre, quedan para ir al cine, salir a cenar o  tomar una copa, planes todos ellos antesala inevitable de una buscada por ambos noche de sexo. Con ciertas edades los preámbulos se minimizan al extremo, ventaja o inconveniente de tener las cosas claras.

.- Te agradezco lo de "majo", pero tengo la sensación de que no eres sincera conmigo.

 A pesar de ser una conversación escrita y de mediar una pantalla de por medio, los pocos segundos que transcurren hasta que aparece el mensaje de "usuario escribiendo" denotan las dudas de ella, que no esperaba el golpe. De repente deja de escribir lo que aprovecha él para continuar sincerándose:

.- Creo que en algún momento has decidido pasar de fase y hacer las presentaciones, convertirme en tu pareja. Me parece bien que quieras pareja, pero ya hemos hablado de esto, y de cuales son mis pretensiones. Te agradezco el interés pero estoy muy lejos de pretender nada parecido. De verás que lo siento. No tengo ganas de socializar, no quiero conocer a nadie.

 Relee lo que ha escrito. Espera respuesta. Ha sido tan rotundo que no cree necesario añadir nada más. La respuesta tarda unos minutos en llegar, no hay titubeos en ella, tampoco disculpas. No son necesarias. La conversación descubre que dos adultos que se han gustado y que congeniaron, de repente perciben cómo sus caminos lejos de caminar cruzados, lo hacen en paralelo, orientados hacia direcciones que no comparten. 

 .- Solo quería que te apuntases si te apetecía, y por supuesto que te conocieran mis amigos; no pretendía presentarte como pareja, si lo pretendiese te lo hubiera dicho, me gusta hablar claro. 

 La charla termina con un lacónico "gracias por la invitación" que él lanza como si fuera un "te acepto la respuesta aunque obviamente no la comparto". Es el acto final de un fugaz encuentro de apenas unas semanas que puso en contacto a dos solitarios que sin buscarse se encontraron y sin separarse continuaron cada uno por su camino. Nunca más volvió a activarse la pantalla del whatsapp, ni aparecer foto alguna en el perfil; ella le había borrado de sus lista de contactos.