Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




viernes, 13 de junio de 2014

Cambio de cromos

Y cuando menos lo esperábamos... Nos quedamos sin rey. De manera sorpresiva y  sin que ninguno de los mentideros políticos habituales fuera capaz de anticiparlo.

 Son cerca de treinta y nueve los años que cabe finiquitar con la decisión del monarca saliente, tras su anuncio de abdicación y transferencia de la Jefatura de Estado en manos de su hijo, que reinará este país como Felipe VI.

 Han tenido que pasar más de trescientos años para que un Felipe vuelva a llevar las riendas del país. El iniciador de la dinastía Borbón en España, miembro de la Casa de Anjou de ascendencia francesa, sustituía así a su tío abuelo Carlos II, cuya muerte sin descendencia dejó la corona española en suspenso y pendiente del forcejo entre casas reales europeas que tuvo como colofón la victoria del linaje de la flor de lis. La Casa de Austria, pasa así a ser historia.

 Aquel monarca, único que no ha recibido sepultura en el Panteón de Reyes del Monasterio de El Escorial, y de cuyos restos puede tenerse constancia en la Granja de San Ildefonso segoviana, tuvo un reinado tumultuoso y conflictivo, como no podía esperarse  de otra manera. Suya es la sanción de los Decretos de Nueva Planta de 1716 que declaraban abolidos los derechos e instituciones catalanas, sustituidas por otras de perfil castellano. Con aquella disposición se castigaba a los territorios del Reino de Aragón que habían apostado por la candidatura de Carlos VI del Sacro Imperio Romano Germánico.

  Mucho ha llovido desde entonces, y aunque aquella España y Cataluña poco o nada tienen que ver con la actual, ciertos rescoldos alimentados y azuzados interesadamente o no desde entonces, se mantienen vigentes, siendo muestra de ello, por ejemplo,  la  celebración de la Díada Nacional de Cataluña, el once de septiembre, aniversario de la defensa de Barcelona liderada por el heroe Casanova, frente a la invasión de las tropas francesas leales a Felipe de Anjou.

  Aquellos decretos fueron el principio del origen de un problema nacionalista que tanto en Euskadi como Cataluña no ha cesado de crecer. Latente en determinadas épocas, ha conocido en cambio en otras momentos de gran apogeo como el actual, de evidente realce del sentimiento local y centrífugo frente a la defensa a ultranza que del modelo vigente hacen los oponentes pro-estatalistas.

 Coincidiendo con la festividad religiosa del Corpus tendrá lugar la ceremonia de coronación del nuevo Monarca. A las protestas cada vez más notorias, de quienes demandan un cambio en la forma de estado, dando vida a la tercera república, se suman las de aquellos que piden renovación democrática y limpieza institucional. A todo ello se suma el problema territorial que tiene un nuevo órdago a principios de noviembre con la convocatoria de un referéndum que todo hace suponer que no será autorizado.

 El tiempo da y quita razones. Homenajea a los válidos y deja con el lastre de la indiferencia y el segundo plano a los que son mediocres. Ese mismo tiempo determinará que podrá decirse de la figura de Felipe VI, cuya entronización quedará muy lejos de las postales idílicas que belgas u holandeses han protagonizado al vivir episodios similares de abdicación.  Comprobaremos si el cambio de rey es un simple cambio de cromos o si detrás del mismo hay intención de remozar las estructuras de un andamiaje institucional, maltrecho y afectado de un excesivo amianto en forma de corruptelas y prácticas mal dadas.