Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




viernes, 20 de septiembre de 2013

Miradas al pasado

 Han pasado apenas unos días, escasamente una semana, desde el famoso once de septiembre de dos mil trece que ha vuelto a sembrar la discordia y un tanto de zozobra a tenor del éxito que la denominada vía catalana tuvo consiguiendo hilvanar una cadena humana que unió los Pirineos con la Comunidad Valenciana.

 Ha sido una semana intensa, de grandes debates en los medios y con un sin fin de columnas de opinión que han dejado todo un lastre de versiones de lo ocurrido  para todos los gustos y colores. Es el tema estrella, de lo que se habla en el momento, dejando en un segundo plano de actualidad otros asuntos que no por complejos y que nos dan de lleno han logrado arrebatar protagonismo a la diada del día onze.

 Pero es sin duda en las las diferentes redes sociales donde el debate auténtico tiene tintes verdaderamente apasionantes. Cada cual emplea este espacio virtual que a todos nos es dado en Internet para hacer acopio de razones y documentos con  el objeto de dar soporte a las opiniones sostenidas.

 Como viene siendo habitual, aquellas historias mas convincentes pronto se hacen un hueco entre las demás, obteniendo el beneplácito de una mayoría que, ya sea porque se identifica con ellas o simplemente les parece ingeniosa la idea, no solo las jalean sino que, las reproducen como muestra de apoyo y adhesión al argumento o prueba en cuestión.

 De entre todas ellas, me ha llamado la atención la publicación casi sistemática que aquellos que defiende la unidad del estado, han hecho de un viejo mapa de la península ibérica que se hace eco de la división histórica de reinos que sirvieron de antesala a lo que es hoy el mapa político español. Adjunto a ese mapa, que a grandes rasgos recoge los grandes reinos históricos, una leyenda reza un mensaje claro a la par que sorprendente: Aragón también existe. Al parecer el título responde a un articulo de Arturo Pérez Reverte que con el mismo trata de dejar clara la manipulación histórica que algunos hacen del pasado para en un claro ejercicio de proselitismo, convencer a la población de una realidad vista desde un concreto punto de vista.


  No voy a comentar el artículo de Perez Reverte, cuya prosa clara y contundente goza de gran reclamo. Es mi intención llamar  la atención sobre un hecho que se reitera con frecuencia a la hora de armarse de argumentos para justificar opiniones o razones, sean del tipo que sean, y ese hecho no es otro que el interpretar la historia a conveniencia con el fin de explicar por qué las cosas son como son y por que deben seguir siendo así.

No podemos construir el futuro mirando al pasado. Una cosa es conocer la historia y otra muy distinta emplearla como instrumento inequívoco que explique por que son las cosas. Aragón no es garante de la unidad de España porque el Condado de Barcelona fuera parte de su territorio. Aquella realidad política fue superada con la unificación al reino castellano. Emplear aquella corona arcaica como garante de la unidad de España es cuando menos irrisorio. Casi tanto como lo de aquellos que califican a Carlo Magno y a su Marca Hispánica a la altura del Ebro como restos y evidencias obvias de la separación e independencia de Cataluña de otros territorios hispánicos.

¿Tiene sentido construir el futuro mirando y justificándose en el pasado? Ni lo que pensaran los catalanes a la hora de dar su apoyo mayoritario a la Constitución, que en apenas 35 años ha pasado de ser una norma básica de convivencia a ser una especie de cárcel legal que enjaula a los pueblos, ni lo que dijera Tarradellas cuando regresó a España del exilio, ni ninguna otra evidencia de declaraciones o hechos anteriores va a servir para que nadie ni  nada recuerden algo que a día de hoy parece roto, y es el deseo de mantener un proyecto de convivencia en común entre los distintos pueblos que forman parte  de esto que llamamos España.

  Seamos serios por favor.  Es el momento de renovar alianzas, de buscar nuevos equilibrios, y sobre todo de imaginar nuevos argumentos que sirvan de apoyo y otorguen soluciones; la cruda realidad habla de un país que esta marcado por una terrible crisis que esta machacando a una población que necesita de lideres que no solo tiren del carro sino que además aporten soluciones. Es hora de poner sobre el tapete un nuevo proceso constituyente que permita desde la legalidad vigente, avanzar en el proyecto de convivencia con unas instituciones que esten a corde a los tiempos y a las necesidades de la gente; para ellos hay que renovar compromisos y alcanzar acuerdos: tender puentes que permitan renovar una estructura de gobierno que sea sostenible y suficientemente descentralizada.
 
 Tras este conflicto de identidad y pertenencia al estado, se esconde una profunda desafección de la ciudadanía hacia unas instituciones y la clase política que la regenta, que cada vez sienten mas lejanas y con las que cada vez se identifican menos.

 Si de verdad hay tanto interés en hablar de historia, empecemos por escribir la del  futuro, para que deje de ser tan incierto y duro. El pasado, pasado está y no nos va a sacar de esta.