Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




viernes, 6 de septiembre de 2013

2020

 Año 2020. Ese año y esa fecha parecen haberse convertido en referentes del optimismo. Mañana a estas horas, el país vivirá pendiente de la decisión que el comité olímpico internacional ( IOC en sus siglas en inglés), adopte en la sesión formal convocada para estos días en Buenos Aires.

 Optimismo. Ese es el mensaje; esa es la consigna. Detrás del tan cacareado sueño olímpico madrileño, que afronta estos días su cuarta acometida histórica se esconde algo más que alcanzar la gloria de organizar el mayor evento deportivo que puede celebrarse; se oculta  la necesidad que algunos tienen de incorporar al evento deportivo dosis de ilusión y progreso. Los juegos olímpicos de ese año no solo han de ser un gran espectáculo deportivo, sino que, además han de convertirse en el santo y seña de un país que necesita resurgir de sus cenizas.

 No nos engañemos. Los esfuerzos que implican optar a una candidatura de este calibre cuestan dinero, mucho dinero, y aunque son muchas las empresas que se han incorporado al proyecto como patrocinadores privados, no somos pocos los que pensamos que dada la coyuntura hubiera sido recomendable aplazar el sueño olímpico para ocasión más propicia. Sin embargo, los gestores municipales de la ciudad de Madrid, apoyados desde el gobierno central han optado por recoger el testigo de acceder a la candidatura olímpica, aun a sabiendas de que una parte importante de la ciudad y del país no lo veían claro o estaban en contra por los gastos que esta puede acarrear. A diferencia de Barcelona 1992, el apoyo y clamor populares han terminado por dividirse pese a la atmósfera de euforia que algunos políticos interesados tratan de mostrar.

 Nada garantiza que los juegos sean un éxito económico, tal y como quiere venderse. El riesgo a correr es alto y las consecuencias pueden ser muy penosas si como en otras citas, la posible olimpiada madrileña acabara sus juegos con un palmarés económico deficitario.Es bueno ser conscientes del peligro y no tratar de vender humo a una ciudadanía asqueada por tanta desidia.También sería lo suyo que en algún momento, los responsables de la candidatura hicieran público los gastos derivados de la organización y publicitación de la misma, cuyo coste elimina la opción de invertir ese dinero en otras cosas más urgentes en este momento.

 Aun con todos estos pesares mañana estaremos pendientes de la anunciación de la nueva ciudad olímpica, y viviremos ilusionados de ver como el país puede organizar unos nuevos juegos que deberán mirarse en el espejo de una Barcelona 92 esplendida. En unas horas saldremos de dudas.