Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




viernes, 3 de agosto de 2012

Casi un milagro

 Dicen que tener fe mueve montañas, que perseverar en un objetivo o meta, antes o después acaba por dar sus frutos. Suenan estas frases muchas veces a clichés y a estereotipos, qué duda cabe, pero hay veces que no dejan de ser verdad. 

 ¿Cómo se puede conseguir ganar una medalla olímpica en una competición como esta, en cuya especialidad piragüistica tan solo hay inscritas trescientas licencias federativas? Ayer tarde, Maialen Chourraut, palista del Atlético de San Sebastián, completó una hazaña sin precedentes en el descenso en aguas rápidas (especialidad K1) conquistando la tercera posición de la prueba.


 Atleta menuda, de sonrisa amplia y generosa, Maialen no podía evitar ocultar su gozo al tiempo que lucía en el podio su  abundante cabellera llena de rizos que habitualmente pasa desapercibida  bajo el casco protector que forma parte de su indumentaria deportiva. 









 Era casi inevitable hacerse la pregunta: ¿ Cómo es posible que una chica de tan poca envergadura sea capaz de manejar una piragua con tanta destreza en medio de un torrente de aguas bravas que desafían no solo la fuerza si no la destreza del palista que se interna en ellas? Casi sin quererlo, con su hazaña, Maialen no solo ha hecho bueno el dicho que uno consigue lo que se propone, sino que además,  ha desmostrado por enésima vez que una mujer está igualmente capacitada para lograr los mismos éxitos que cualquier hombre por duras que puedan ser las condiciones a que tenga que hacer frente.


 Cerca de ocho horas diarias de trabajo duro y abnegado han dado sus frutos y han ensalzado a  un deporte que goza de poco predicamento. En apenas menos de dos minutos de descenso se  ha obrado el milagro. Los pronósticos daban a la atleta donostiarra como favorita al oro; sin embargo un mínimo fallo en su actuación le impidió conseguirlo. Aún así, Maialen no dejaba de disfrutar de su medalla de bronce, sabedora del carácter histórico de su tercer puesto, primero en la historia de la especialidad, logrado, además por  una mujer.  


 Es la magia de los juegos olímpicos, capaces de dar protagonismo en este país a otros héroes que no sean exclusivamente los que produce el balompié.