Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




lunes, 20 de noviembre de 2017

Sostiene Pereira


  En Sostiene Pereira todo es asfixiante. El calor de la canícula lisboeta, apenas aliviado por la brisa marina de un Atlántico que no tiene compasión con los vecinos del delta del Tejo. La convivencia del protagonista en su angosto domicilio, sujeto a las reglas de una portera impertinente y mal encarada que a su faceta clásica de cotilla,  suma la de posible confidente de la policía política.

Es asfixiante el empleo de nuestro protagonista, antiguo reportero de sucesos, que tras una hoja de servicios de más de treinta años, completa los últimos años de profesión, enfrascado en la redacción de efemérides culturales, y reseñas necrológicas de escritores, que han de ajustarse a las premisas del editor de su diario vespertino, católico y acolito del  ya instaurado régimen político del país. 

Asfixia y angustia el clima reinante en la ciudad, y por ende, en todo el país, siempre atento a las noticias que llegan de la vecina España, ya inmersa en su sangrienta Guerra Civil. Bajo la aparente normalidad de quien vive ajeno al drama de los vecinos, y que mira a otro lado creyendo que la deriva fascista del continente no afecta a la siempre anglosajona Portugal, aliada y alienada ahora a las tesis germanófilas gracias a la labor del gobierno salazarista.

En medio de un clima así Pereira consigue mantener en marcha su enfermo corazón, necesitado de balnearios y curas en clínicas, anhelante de un pasado al que intenta aferrarse charlando con el retrato de su fallecida esposa, y cuyas cavilaciones cada vez tienen más presente el tema de la muerte.

Antonio Tabucchi construye magistralmente la imagen fija de una Europa asomada al abismo. Y lo hace a través de un testigo humilde, mediante la mirada de un periodista en el ocaso de su vida profesional, que se ve obligado a replantearse su cómodo conformismo a consecuencia de la contratación de un ayudante de redacción para su sección de cultura, que acaba por manifestarse como un revolucionario que solo escribe reseñas inutilizables e impublicables. La aparición de Montero Rossi y su misteriosa camarada, Marta, darán un giro de ciento ochenta grados a la vida de este reportero que vuelve a la vida, replanteándose todos sus principios.

Dotada de un brío y ritmo trepidantes, gracias a la distribución en capítulos cortos, y la inmersión de los diálogos en la narración, sin separaciones, muy en el estilo que ha dado fama universal a Saramago, el lector acaba viviendo los avatares de un viejo de vida aburrida que acaba dando a su existencia un sentido gracias a la aparición de su clandestino y problemático colaborador. Así sufre su mismo calor sofocante, saborea las refrescantes limonadas con azúcar, y degusta las exquisitas omelettes a las finas hierbas a las que el protagonista es aficionado, y que con frecuencia saborea en alguno de los cafés o restaurantes de la ciudad; así el lector se convierte en improvisado acompañante de Pereira en su lento pero constante transitar  por las inevitablemente empinadas calles de la vieja Lisboa.

Sostiene Pereira, el título que es en realidad una coletilla que el narrador omnisciente repite sin cesar para involucrar al lector, que termina  viviendo en la Portugal a las puertas de la segunda Guerra Mundial. 1938 es el año en que la II República Española toco fondo, entregando la cuchara en un conflicto que sirvió de banco de pruebas para la Gran Guerra. Con ese trasfondo histórico, Tabucchi construye esta historia que es un homenaje a la profesión periodística, siempre sujeta a tensiones con un poder político al que nunca termina de gustar la libertad de expresión.