Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




lunes, 10 de abril de 2017

Estornudos contra el insomnio

Qué tendrán las noches. Parecen espacios reservados para experiencias vitales llevadas al extremo. O te sumen en el más profundo de los placeres y descansos, o te llevan a la desazón más desalentadora.

 Quedarse desvelado metido entre las sábanas no tiene nada de cómodo. Es como convertirse en una especie de intruso, en alguien que está donde no debe haciendo lo que no tiene que hacer. Y esa sensación se acrecienta, casi podría decirse exponencialmente, a medida que la consciencia se alarga y el deseado sueño no llega.

 Estado incómodo del que somos reincidentes por temporadas, por rachas, y esas tandas parece que ganan terreno en las noches a medida que avanzan los años, y el sueño profundo y reparador se aminora, convirtiéndose en una especie de maná preciado del que se disfruta poco y mal.

 Noches en blanco mirando al techo, ese mismo que acabas definiendo nítidamente gracias a que la pupila adapta su capacidad de visión a la poca o mucha luz que haya en el dormitorio. Por alguna razón acaba uno mirando hacia ahí arriba, quizá cansado de dar vueltas o de cambiar de postura. Y cuando uno mira al techo, en pleno desvelo , es como si entrara en trance.

 Trance que te lleva a un escenario de malos recuerdos, de pensamientos oscuros, de darle vueltas a problemas no solucionados, a cosas que te molestan en la oficina, a enfados con amigos, a peleas con las parejas... ¿ Por qué en los desvelos uno no se entretiene pensando en piñas coladas y en tumbonas acompañadas de alguna brisa marina relajante y placentera? ¿ Qué tendrá ese techo semi definido en la oscuridad que siempre trae a colación pensamientos tristes o preocupaciones? ¿ Por qué uno se acuerda de los amores no correspondidos cuando se desvela? Parece que vigilia y tranquilidad no andan cogidas de la mano precisamente. 

 El otro día me desvelé, como tantas veces. Mis desvelos son extraños. Rara vez me dejan los ojos abiertos como platos y muy pocas veces se prolongan durante mucho tiempo. Además vienen precedidos de periodos de sueño profundo y descansado largos, de algunas horas. De repente paso a estar consciente y enseguida me pongo a pensar. Nunca me planteo levantarme y ponerme a leer o hacer alguna otra cosa, simplemente me quedo quieto, intentando volver a lo que estaba, obligándome a poner la mente en blanco cosa que casi nunca consigo.

 El otro día algo inesperado vino a rescatarme de mis desvelos. Tras tres horas de sueño profundo, me desperté de repente, y casi de un modo instantáneo me puse a pensar en mi trabajo, en mis compañeros despedidos, en las incertidumbres de los cambios planteados a los que nos hemos quedado... Con semejante panorama no era descartable que la angustia viniese a sacudirme como otras veces, para así alejarme aún más de la meta de volver a entregarme a las suertes de Morfeo, cuando de repente un picor en la nariz vino a anunciarme un estornudo inminente.

Inminente no, inminentes cabria decir. Mi rinitis alérgica me priva de la posibilidad de estornudad una sola vez. Mis ataques de estornudos son por oleadas, algunas veces convulsivas, virulentas, hasta el punto que consiguen incorporarme de mi posición yacente, haciendo que mi cuerpo practique algunas abdominales involuntarias, esas mismas que otros realizan con denuedo casi enfermizo y que yo apenas limito al acto de incorporarme por las mañanas cuando me levanto.  Esta vez, la tanda fue de al menos diez estornudos, y con ellos la paz y silencio de mi habitación quedaron hechos trizas en mitad de la oscuridad reinante.  

 Pensaban los antiguos que con cada estornudo se iba un trocito del alma. Con mis arreones de estornudos encadenados dudo mucho que quedase nada de los veintiún gramos con que al parecer se nos dota en esta vida de la parte etérea. A mi más que el alma,  aquella noche se me fueron del cuerpo los malos pensamientos y las angustias y como por arte de magia, cuando mi nariz decidió dejar de estornudar mi cuerpo se relajó y en apenas unos instantes el sueño volvió a mi dormitorio para atraparme y quedarse conmigo hasta que sonó el despertador por la mañana.  

 Ya tengo mi fórmula para eliminar las noches de insomnio. Contra el desvelo... Estornudos.