Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




lunes, 18 de abril de 2016

Primavera en Parla

 Tren de cercanías. Miras con atención el panel que señala las estaciones que te quedan para llegar a Getafe central. Allí te espera ella a la salida. Cincuenta y un años, morena de pelo rizado, leggins marcando piernas y culo, negros y camisa estampada amplia que cae sobre sus senos grandes y generosos. Apenas un par de horas de charla. Cerveza en un mesón del centro y copa en una tasca mexicana. Hora de coger el último tren de vuelta a Madrid. Ella te sugiere que tomes la última en su casa. No es de Getafe, es de Parla. Llegas a su casa, un ático duplex espléndido, decorado con gusto. Apenas un par de besos y te manda a la ducha, quiere que te acuestes con ella, limpios los dos, ya que tras tu ducha, pasa ella por el baño. Te metes en la cama, tú desnudo, ella con un camisón corto de tiras negro que a duras pena contiene la turgencia de sus tetas. Apaga la luz, pone música de Scorpions en Spotify. Se enciende un cigarrillo de liar para alargar la espera. Termina y se acuesta, te da la espalda pero pone el culo en pompa, buscando a drede rozar sus nalgas con tu entrepierna, cada vez mas erecta. Sin mediar palabra, le levantas el camisón y dejas que tus dedos penetren en su vagina, apenas húmeda pese a la contundencia de tus arreones. Te confiesa que la menopausia le impide lubricar como antes. Decides bajar y lubricarle tu a base de lametazos y saliva. Con furia le muerdes sus labios, al tiempo que metes tu lengua y acaricias su clítoris. La cosa funciona, sus jadeos van a más y notas como ella se humedece más y más, al tiempo que tensa sus piernas y su abdomen. El banquete que te estás dando da sus frutos, llega la hora de dar otra cosa. Te pregunta si tienes alguna enfermedad, si has follado recientemente; le dices la verdad, hace meses que no penetras a ninguna tía. Métemela sin condón, te sugiere. No hay riesgo de embarazos. al principio quedas un tanto dubitativo. No es la costumbre. Eres metódico, limpio, no follas sin protección jamás; tu última pareja recibió tu polla decenas de veces desnuda, pero a la hora de eyacular, siempre lo hacías con gabardina. Después de hablarlo decidisteis no adoptar medidas anticonceptivas y aún a riesgo de quedar preñados, follasteis siempre con la marcha atrás. Suerte, concentración... jamas erraste el tiro, siempre te corriste fuera o te pusiste el condón antes de rematar la faena. Esta vez te piden penetrar sin goma, sin miedo a correrte dentro. La idea te seduce, te atrapa. No te lo piensas. le metes tu tranca, desnuda, primero con la postura del misionero, luego con ella a horcajadas sobre ti, cabalgando con sus gemidos mientras amasas pan con sus generosas tetas, que aprietas y a las que lames sus pezones tiesos de tanto en tanto. Cambio de postura, la pones a cuatro patas. te apoyas en sus caderas con ambas manos para encontrar soporte que de alimento a tus embestidas. Ella jadea, goza, te pide más, te dice cosas sucias, fóllame, sigue, sigue más. Consigues que se corra. ¿Lo has sentido?, te pregunta mientras volvéis a la postura del misionero. Te planteas coger un condón para rematar, ella vuelva a estar seca y temes que el glande se ponga en carne viva. Decides continuar con  tu plan inicial. La excitación de correrte dentro de ella puede más que los escozores previsibles. A ella le da tiempo a correrse una vez más mientras te come la boca salvajemente, mientras que siente tu polla dentro una y otra vez, con más fuerza y chocan sus mulos y los tuyos. Tú estás a punto de caramelo. Llega el momento, sientes que tu semen esta a punto de explotar, y lo hace. Con contundencia, que hace chirriar el somier al tiempo que ella se agarra a las baldas que hay sobre la cama. una, dos, tres veces... tienes una finalización novedosa. Eyaculas generosamente, parte de tu leche cae en las sábanas fruto de las idas y venidas, no dejas de entrar y salir de su coño. Sientes que te corres sin miedos, sin dudas, sin control, sin racionalizarlo, como hacías con tu ex. Caes exhausto. Un cigarrito más y a dormir. Apagas la tablet, miras por la ventana de su dormitorio y ves una luna llena preciosa en un cielo limpio sin nubes. Ella ronca atronadoramente; te avisó que le daba vergüenza dormirse contigo por eso mismo. Tu también roncas así que le quitas la preocupación y eso la tranquiliza. Sus ronquidos así lo manifiestan, cae en un sueño profundo. Apenas son las cuatro de la mañana y tienes pensado volver con el primer tren de vuelta. Pones el despertador a las seis, pero antes de irte, vuelves a follártela, sin la misma gracia, sin la misma fuerza, pero lo disfrutas igual,  te pierdes en esos pechos que magreas y salivas a lametazos una y otra vez. No consigues correrte esta vez pero vuelves a ponerla a cuatro patas. Termináis con ella de espaldas, con tu polla dentro de ella  recostado sobre sus nalgas, esas posaderas que para ser una mujer de cincuenta y un años aun están lisas y sin estrías, apetitosas, hasta el punto de morderlas y besuquearlas con ganas, como te gusta a ti follar, sin dejar una zona del cuerpo de tu compañera de juegos que no haya sentido tu lengua y tus labios.

 Te vistes y te vas. Te indica como llegar a la estación de tren. Te recuerda algo que te dijo antes de llevarte a su casa: mi casa es mi templo, aquí no entra nadie. Eres un afortunado. Vuelve cuando quieras. En ese momento no sabes si volverás, aunque el paso de las horas enfriará las cosas y convertirá la cita en un encuentro pasajero entre dos adultos que buscaban compañía y sexo. Pasas delante del ayuntamiento, de la iglesia principal, y enseguida enfilas la avenida donde esta la estación central de Parla. Antes paras en unos de los bares abiertos para desayunar. Sin apenas cenar, después del trajín de la noche y sin apenas dormir, te sientes exhausto y quieres algo de azúcar en tu cuerpo.

 Regresando en el tren te enfrascas en la lectura de tu libro. Te da tiempo de volver a casa, asearte y salir para ir a trabajar. Días después ella te tanteará de nuevo por whatsapp, sin duda con vistas a planear otra cita. Aunque dudas, decides no dar pie a que pueda ilusionarse. No está en tu ánimo engañar a nadie. Menos aún en tu estado,  de recuperarte de la ruptura con tu pareja. Decides dejarlo correr. Sin más.