Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




martes, 29 de marzo de 2016

Moros y cristianos

 Angustia. En una sola palabra se resume con total amplitud y rotundidad el estado de ánimo en que vivimos inmersos. Esa angustia es fruto del miedo a no contarlo, a ser la próxima víctima de un ataque indiscriminado que no respeta a nada ni a nadie.

 Somos blanco en una diana de una nueva fase de terrorismo en edad avanzada, que ha mutado en una máquina terrible de destrucción. Todos somos objetivos potenciales de unos asesinos obsesos que no contemplan piedad alguna ni para ellos mismos, al ser también victimas de sus acciones, perpetradas con la siempre impactante modalidad de la autoinmolación en el lugar donde se busca hacer daño y asesinar.

 Incapaces de digerir el grado de atrocidad, por ahora nuestra reacción es timorata; al duelo en forma de actos simbólicos llenos de velas, manifestaciones y muestras de dolor en redes sociales, se unen iniciativas gubernamentales castrenses, en formato de bombardeos aéreos en una zona ya de por sí espantosamente castigada, donde las bombas matan indiscriminadamente, sin distinguir a moros o cristianos  en lo confesional. Con rabia y sin cabeza no terminarán las acometidas de esta mala bestia que en formato difuminado corresponde a unas siglas, ISIS, cuyo afán destructor no discrimina a leales a su fe o condenados por negarla. No hace falta ser muy inteligente ni tener nociones de geopolítica para saber que detrás de esas reivindicaciones solo hay una propaganda burda, que busca alejar la disputa de su tablero real, el de unos intereses creados, seguramente económicos y territoriales de control, entre otras cosas, de los recursos naturales, o áreas de influencia, de cuyas acciones son principalmente damnificados los cientos de miles de desplazados que huye de la guerra, gastando cantidades ingentes de dinero en fletar una miserable lancha motora que nos pocas veces les conduce a la muerte en el Mediterráneo. Para muchos resulta increíble que prefieran esa vía de escape antes que pagarse un billete de avión a algún otro país árabe, más económico y próximo. Hay quien ve en estas migraciones ingentes un intento de invasión desde oriente, una forma de camuflar mas insurgentes terroristas para seguir socabando la moral de occidente a base de bombas. Sea como fuere, los campos de concentración con vallas de alambre con espinas vuelven a vislumbrase en los campos de centro Europa, donde países con Hungría o Austria lidian con un problema sobrevenido que trata de arrinconarse en Grecia y sobre todo Turquía. 

  En un mundo donde la imagen se hace mas patente que nunca desde que todos somos reporteros con nuestros dispositivos móviles, (aún recuerdo la espeluznante caza y masacre a Gadaffi en su derrocamiento en Libia), la capacidad de impactar y conmover llega a límites insospechados. Aquellos que saben que esa capacidad es una baza a su favor para continuar con su particular guerra, usan el pretexto religioso como pantalla desde la que esconder la realidad: hay miedo a que la Primavera Árabe comenzada en Túnez pueda expandirse, reorganizando el tablero de equilibrios y controles hasta ahora impuesto en la zona y que trata de preservar el denominado Estado Islámico.No en vano todos aquellos países que han pretendido promover aires de cambio han sido duramente castigados: desde la propia Túnez, Yemen, Libia, Paquistán o la propia Siria, principal damnificada y centro neurálgico donde se esta jugando esta partida de dimensiones globales.

  Podemos y debemos hacer algo más que enviar aviones a bombardear terreno ya yermo y destruido en acciones que son simples vendettas ineficaces, que como mucho provocarán más daños colaterales en una población terriblemente asolada. Esta no es una guerra entre moros y cristianos, es una guerra de control geopolítico, donde los principales actores: Rusia, China, EEUU y la Unión Europea deben determinar su grado de implicación. Algunos países de la zona no están por la labor de perder su liderazgo político, siempre embadurnado de cariz espiritual a través de la Sharia, financiando con dinero a espuertas las acciones de este ejército de mercenarios cuidadosamente entrenados y reclutados en aquellos lugares donde atentan. Coordinando esfuerzos, cerrando vías de financiación  y comercio, organizando una política efectiva de auxilio y asilo por razones humanitarias, ganaremos esta guerra que busca captar adeptos con el maltrato de aquellos que se desplazan por miedo a las bombas. Es un error desentenderse de quienes vienen a Europa huyendo de la muerte; ganando la batalla de la opinión pública en estos países, que buscan una libertad que ahora les deniegan, habremos avanzado un enorme terreno en la batalla por eliminar a estos sicarios asesinos. Cabeza fría y determinación. Ya.