Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




viernes, 5 de diciembre de 2014

Sobre el deber de dimitir

 ¿Existe el deber de dimitir cuando se ha dejado constancia de que no se ha estado a la altura de las circunstancias en el cumpliento de las tareas para las que se ha sido elegido?

 Es este un debate viejo, en constante proceso de ebullición,  fruto y consencuencia de las inevitables idas y venidas que el ejercicio de la función politica conlleva. La ciencia política no ceja en su empeño de renovar el compromiso politico como concepto desarrollando diferentes teorias sobre como deberia abordarse la cuestión.
 
 De entre toda la argumentación que existe al respecto, a mi particularmente me hace cada vez más tilín rescatar la teoria del mandato imperativo. Enfrentado en la teoria política al mandato representativo, aquel obligaba a los representantes politicos a cumplir con determinadas directrices e inciativas por las cuales se les acabaría pidiendo cuentas, siendo compelidos a abandonar sus funciones si se considerase que no se ha satisfecho las expectativas creadas, así como exigiendo compensaciones pertinentes en caso de producirse algun tipo de prejuicio en el ejercicio de sus funciones.

 Estamos hablando de una institución politica antiquísima, más propia de condotieros o podestá de ciudad estado italiana. Con el lento pero constante deambulear de la res publica, y con el advenimiento de las democracias modernas, la figura del mandato representativo ha terminado por imponerse, evitando a los representantes electos de tener que dar cuentas directas a nadie al ser su elección fruto de la propia inercia generada con la organización de los sufragios.

 Un paso adelante en la recuperación de esta figura vendría dada por la sustitucion de las listas cerradas ahora existentes en muchos modelos democráticos, por listas abiertas donde el candidato expusiera abiertamente sus iniciativas en proyecto; con esa premisa, se eliminarían las ambiguedades generadas por un sistema como este, donde se eligen cargos electos sin que nada ni nadie les marque por adelantado agenda alguna que deban cumplir. Esa agenda viene definida por unos partidos que en no pocas ocasiones parecen tomar decisiones sin tener demasiado en cuenta la opinión del vulgo que les elige y da legitimidad.

 ¿Cabría aplicar ese mandato imperativo a todos por igual, o deben hacerse excepciones con aquellos que ocupan cargos en primera linea? Recientemente dos altos cargos relacionados con el ámbito de la sanidad han cesado en sus funciones fruto de lo que se ha venido en llamar la presión social que sobre ellos, colectivos diversos, prensa y público en general, han desarrollado. Pero en puridad cabría haberles exigido la marcha como consecuencia de la no realización satisfactoria de las funciones para las que fueron elegidos.

 De hecho, ambos cargos, salpidados de un modo contundente por la crisis del ébola, han cesado en sus actividades, tarde y, en parte por otras razones que nada tenian que ver con el asunto en cuestíon. La prolongación de las funciones de cargos politicos cuya credibilidad está en entredicho no solo dañan al prestigio de las instituciones sino a la de aquellos que las sustentan. Fruto de esa especie de nuevo mandato imperativo que venimos reclamando en estas lineas, estos gestores deberían haber hecho mutis por el foro mucho antes y sin esperar que cuestiones de otra indole propiciaran sus relevos.

 Definitivamente si, Dimitir ha de erigirse como una obligación para aquellos que ejerciendo tareas politicas incumplan con el cometido para el que se les ha nombrado, ya sea por acción, omisión o simple mala suerte. El azar que tanto martirizaba a Maquiavelo por su dificil control, es otro factor que no debe escatimarse por muy injusto que pueda parecer. Lo que no es de recibo es admitir a politicos que sólo saben estar a las maduras y que , en cambio, escurren el bulto a las duras, achacando su incompetencia a razones peregrinas o a labores de hostigamiento por obra de la oposición política.

 Dimitir si. Debe ser parte del juego, debe asumirse como una responsabilidad en la función política. Partiendo de la base de que nadie es insustible en su puesto, y de que la función politica debe ser una tarea de paso, empezaríamos a reconstruir el modelo democrático que nos da cobijo , instaurando la obligación de cesar de sus funciones cuando no se esta a la altura del cometido. Sería un excelente primer paso para remozar una cultura politica que requiere de otros gestos ( limitación de mandatos a un periodo de tiempo concreto, declarar la incompatibilidad de quien deja la politica  en activo con puestos ejectutivos y de dirección en empresas privadas, obligación de publicitar gastos directamente vinculados a la tarea asignada mientras se ocupe el puesto, etc....) 

 Claridad, transparencia, dignidad, sentido común y sobre todo honradez. Un coctail de éxito, sin duda.