Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




viernes, 12 de diciembre de 2014

Pequeño Nicolás

 Es la guinda del pastel, el último y quizá más sorprendente reflejo del esperpento en que se ha convertido la vida pública en este país. A las trifulcas palaciegas y familiares de la Casa Real solo les faltaba un elemento más para completar este sainete que vivimos a diario, y del que, queramos o no, gozamos con no poco divertimento, pese a lo mucho que nos escuece advertir en qué se invierten esos dineros que con tanto esfuerzo ganamos y con tan poca sutileza nos recaudan por todas las vías imaginables.

 Para los que son más jóvenes quizá sea un concepto oscuro, una palabra casi desconocida, un término vago que se escucha cada cierto tiempo a los mayores y que suena más a latinajo o cultismo que a palabra de uso corriente y cotidiano, pero con la irrupción del pequeño Nicolás, como bien gusta él en  autodeterminarse, no sin cierto boato, hemos vuelto a descubrir en toda su esencia, en estado puro, aquello que hace años venía en denominarse como pícaro y que dio pie a todo un genero literario, que brilló con luz propia en nuestro maravilloso Siglo de Oro, conocido como la Picaresca. Con pícaro nos referimos a  esa persona astuta, procedente normalmente  de los bajos fondos y de baja condición o estopa,  que vive de engaños y acciones semejantes. Este sujeto en cuestión cumple al pie de la letra, el perfil dada su humilde filiación, que sin embargo no  ha sido óbice para realizar todo tipo de tropelías con apenas una veintena de años.

 Amparado por el paraguas de las bases militantes del partido en el gobierno, y de alguna de sus fundaciones más relevantes, la criatura en cuestión, dotada de un extraordinario don de la palabra, así como de unas tablas que ya quisiera para sí algún ministro,  ha aprovechado con no poca astucia y mucha habilidad para colarse en cuantos resquicios le han ido dejando, codeándose con gente de alto postín, y manejando cantidades cuando menos curiosas de dinero, así como recursos pagados abnegadamente por el contribuyente; Consciente de su tirón en los medios, a modo de novela radiofónica o de culebrón televisivo, el joven emprendedor va despedazando todos y cada uno de sus logros, comprometiendo en su pormenorizado y desmenuzado relato, a instituciones, entidades y cargos públicos, ante el asombro y regocijo del respetable.

 ¿ Cuánto hay de verdad y cuánto de invención? ¿Es el pequeño Nicolás un esquizoide que ha creado un personaje paralelo a su auténtica identidad, o es cierto cuánto dice que hace y conoce? El dictamen de la calle parece no inclinarse por un juicio u otro y por el momento la división de opiniones es el dato más relevante; pero aún con eso, no deja de ser sorprendente el grado de inquietud y de malestar que ha creado el barbilampiño colaborador de la inteligencia de estado hispana ( porque eso asegura él), entre las altas esferas, obligando a más de un desmentido entre miembros del Consejo de Ministros, del Ayuntamiento de Madrid o de la propia Casa Real.

 Posíblemente todo esto con el tiempo acabe diluyéndose y quede en agua de borrajas.  Pero en cualquier caso la historia del pequeño Nicolás quedará ad eternam en la memoria colectiva, como un episodio destacado de este periodo de idiocia en que nos encontramos inmersos.