Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




viernes, 11 de abril de 2014

14 de Abril

 Apenas si quedan un par de días para que conmemoremos como cada día catorce de los corrientes, el aniversario de la proclamación de la II República. Más de ochenta años habrán transcurrido el próximo lunes desde aquel día en que desde la Real Casa de Correos de Madrid, hoy sede de la Presidencia de la Comunidad Autónoma y famoso por albergar el reloj y carillón que tradicionalmente da las campanadas de fin de año en el horario peninsular español, se proclamó para todo el país el advenimiento del nuevo periodo político que daba carpetazo a la monarquía como forma de Estado y de jefatura de gobierno, representada en la silenciosa y deshonrosa escapada a Italia, por vía marítima desde Cartagena, del destronado monarca, Alfonso XIII.

 Eibar, primera ciudad que en orden cronológico izó la bandera tricolor, Valencia, Barcelona... Diferentes puntos de la geografía estatal tienen recuerdo y constancia de aquella señalada fecha. Como viene siendo habitual, pocos o ningún actos conmemorarán el evento en lo que se ha convertido en una tradición en la España democrática, obviar un periodo histórico de este país, donde el pueblo destronó a un monarca obtuso y trasnochado, para dar pie a un nuevo periodo de vida, no exento de turbulencias y conflictos, pero que tuvo como instrumento catalizador la posibilidad de elegir a los dirigentes por la vía que marcan las urnas democráticas.

  Poco a poco y de un modo constante este día, sepultado en el recuerdo de las hemerotecas y libros de historia y del que apenas unos cuantos se hacen eco sacando a paseo las banderas y el himno de Riego, va cogiendo colorido y transcendencia. De un modo creciente, su celebración esta siendo objeto de uso por parte de diferentes sectores de la ciudadanía que encuentran en aquella etapa un símbolo para hacer frente y mostrar quejas antes una realidad podo edificante, expresada en todos los frentes y administraciones: desde las entidades locales hasta la propia figura del monarca, cada vez más cuestionado por sus equivocados gestos, y casos de corrupción acaecidos en su familia. De un modo casi inexplicable, La república histórica se esta haciendo un hueco en todas y cada una de las manifestaciones que hoy día se celebran para protestar ante la situación actual. Forma ya parte del paisanaje reivindicativo observar banderas repúblicanas que se exhiben como estandartes de la protesta y el descontento.

 No han tardado determinadas hordas fascistoides en proclamar el grito en el cielo, acusando a quienes agitan esa bandera en las manifestaciones, de hacer uso de lo que ellos llaman  símbolos preconstitucionales. Puede entenderse el malestar de muchos que no entienden el por qué hay personas que prefieren la enseña tricolor frente a la rojigualda, pero no deja de llamar la atención el eufemismo; tal vez a esos cuantos habría que recordarles que aquella legalidad constituida en mil novecientos treinta y uno, vino cimentada por el poder que otorgan las urnas con sus votos, y que es del todo absurdo denominar preconstitucional a una bandera que si algo representa es precisamente eso, los valores y la libertad que todo periodo democrático denota. Tal vez un pequeño repaso de historia elemental, o un vistazo a un manual de derecho constitucional sirvieran para refrescar o ilustrar el entendimiento de algunos, cuyas alusiones no dejan de atacar frontalmente una base clara: la de mantener unas libertades que permitan gobernarnos a través del sufragio.

 Vendrán más ataques. Las ideologías más radicales viven un momento de pujanza, fruto de la desesperanza que da alas a mensajes populistas que calan fruto del desasosiego. Habrá que apechugar con ello y hacerles frente con las ideas y la determinación de quienes no quieren perder libertades que tanto ha costado conseguir.


                                                    "... Se muestran, volemos,
                                                      volemos, soldados:
                                                     ¿los veis aterrados
                                                      su frente bajar?
                                                      Volemos, que el libre
                                                      por siempre ha sabido
                                                      del siervo vendido
                                                      la audacia humillar."