Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




lunes, 9 de mayo de 2016

Veinte años de amistad

 Stazione centrale. Me bajo del Pullman que me trae desde el Aeroporto Il Caravaggio de Bergamo a la capital de la Lombardia, a Milano. Hace un tiempo estupendo. Vengo abrigado de Madrid y a poco de comenzar a caminar en dirección al hotel, empiezo a sudar. Todo aparentemente está como siempre: El edificio Pirelli a la derecha, imponente y ahora antesala de La Isola, con sus rascacielos que ponen a la ciudad en la linea de las grandes capitales económicas y financieras del mundo y justo delante el parco que me anuncia que estoy en Viale Tunisia. Lo mas lógico es coger por esa calle, pero prefiero callejear un poco antes de alcanzar el albergo. Llego a Settembrini y busco el número veintiocho, la finca en la que habité aquel año Erasmus, compartiendo piso con una palermitana y un tarentino. No puedo evitar sacar una foto a la fachada el edificio, sencillo, elegante y clásico, muy en la línea de los que están a ambos lados de la calle. Sería una calle tranquila si no fuera porque tiene dos liceos, institutos como el Gonzaga, que se veía desde la ventana de mi habitación, aquella misma que se iluminaba con un chasquido de luz, posiblemente fruto de algún desperfecto en la catenaria, cada vez que el tram número  cinco doblaba para seguir su ruta por Vitrubio hasta la estación de trenes. 

 Todo sigue en su sitio, algunas tiendas incluso las recuerdo. Siguen abiertas después de veinte años. Ha sido una especie de regalo anticipado, encontrar el hotel en mi quartiere. Las mismas aceras, los mismos edificios, los mismos tranvías. Dejo que me atrape el entorno, mientras arrastro mi trolley en dirección a Lazzareto, calle que me llevará al hotel. Allí en la recepción ya coincido con Jorge, que como yo ha dado un rodeo desde Linate hasta Piazza San Babila, dando un paseo que le ha traído hasta donde nos hemos encontrado; juntos esperamos a que Marcos y Agustín vengan desde sus respectivos destinos. Juntos viviremos un fin de semana de tres días, de nostalgia, de alegría por vernos y disfrutar de nuestra compañía después de tantos años, de muchas fotos. Pasamos por nuestras respectivas viviendas, por las escuelas y facultades universitarias y los bares que entonces frecuentábamos y que ahora ya no existen. Nos dejamos atrapar por il Duomo, que luce limpio, como toda la ciudad, a la que el lavado de cara hecho para le Expo de dos mil quince le ha sentado divinamente. Esta preciosa, limpia, reluciente, luce maravillosa con ese sol que ha tenido a bien darnos la bienvenida y despedida en un fin de semana que ha llenado a Milán de flores como consecuencia de la celebración del día de la Madre en toda Italia. 

 Panzerotti, pizze, paste,un po di pesce e maiale, a Porta Venezia, ai Navigli veramente carini con il nuevo canale aperto, e alle fine in terraza chiamata Globo per fare il brunch, giusto a Piazza Cinque Giornate dove ci incontriamo con Laura, in altro tempo fidanzata de Giorgio e che con la sua dolcezza e femminile visione della vita, mette un punto finale veramente felice al nostro appuntamento a Milano...

  Dejamos que la últimas horas de la tarde antes de partir nos envuelvan las calles del centro. con su trasiego constante de tiristas y lugareños. Tomamos la penúltima juntos en Via Dante, con el Castello Sforzesco al fondo y la bandera española del Instituto Cervantes ondeante, al tiempo que Il Piccolo Teatro a un lado nos recuerda que en aquel sitio solo la cultura y no la muerte pueden tener sitio y cabida.

  Tristones damos carpetazo al encuentro, Despedimos a Agustín que coge su vuelo el primero, mientras los demás regresamos al hotel para coger nuestras pertenencias. Nos despedimos en la Stazione Centrale, punto de inicio y fin de la aventura. Quien sabe si celebraremos el veinticinco o el treinta aniversario de aquel año Erasmus en que nos conocimos, y si seremos los mismos o incluiremos a algunos más de los que hemos estado esta vez. Una sonrisa me acompaña de vuelta a Bergamo, donde mi avión me traerá de vuelta a Madrid. Escribo estas lineas apenas doce horas despues de que regrese a casa, pero aún prevalece esa sensación de andar por la ciudad, por sus calles con ese aroma tan característico, donde café, comida, flores y polución dan al entorno un ambiente único. Así es Milán. Así es nuestra casa. Gracias chicos por un fin de semana tan especial y  fantástico. ¡¡Os quiero!!