Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




viernes, 24 de octubre de 2014

Banderas

Veintidos mil euros. A esa cifra asciende la compra y colocación en una rotonda de acceso a la localidad de Ciempozuelos de la nueva bandera de España que los vecinos de esta localidad del sur de Madrid podrán contemplar cada vez que accedan al pueblo con sus vehículos. Ante las desaforadas criticas que la acción ha supuesto, quiza por inesperada, desde luego por excesivamente costosa, más en estos tiempos de sospecha, la primer edil del municipio, ha rechazado cualquier crítica al respecto, alegando defensa de la insignia constitucional, motivo de ataque, una vez más según sus apreciaciones,  por fuerzas de la oposición.

 Es uno de los éxitos de la derecha española; el haberse apropiado de las insignias y símbolos identitarios que con frecuencia la izquierda ha tratado con desdén o incluso indiferencia. Cada cierto tiempo las banderas son motivo de disputa o polémica y cuando anda de por medio la rojigualda, como es en este caso, el principal partido conservador enarbola sin pudor o tapujo alguno la defensa reivindicativa de un símbolo que por derecho nos pertenece a todos, tengamos la ideología que tengamos.

 Si intentara uno mirar atrás podrían encontrarse diferentes momentos donde el elemento de fricción tuviera como protagonista a la bandera. La famosa guerra que año tras año acompañaba el tradicional acto de izado en fiestas patronales en ayuntamientos de Euskadi, como protesta porque se mostrase en sedes institucionales la que consideraban la bandera del estado opresor, disputas que se han alargado en el tiempo y que tienen continuidad en otras zonas, como Cataluña, donde algunos alcaldes se declaran en rebeldía incumpliendo el mandato que las normas obligan a instalar la bandera estatal junto a otras insignias locales y supranacionales.

De otra índole, pero también con la bandera española de por medio, fue inolvidable la polémica que el izado en la Plaza de Colon de la misma, con un tamaño descomunal,( próxima a los trescientos metros cuadrados), generó en el seno de  una izquierda, escandalizada por el exceso de chovinismo impropio a este lado de los pirineos. Aquella critica quedó paulatinamente en el olvido, hasta el punto de ocupar aquella izquierda contestataria el poder, sin eliminar el excesivo trapo ondeante de tan notoria plaza. 

 Banderas, siempre banderas. Rojigualda versus ikurriña. Señera que abriga la azul estrellada de la Europa comunitaria como contestación a la bandera nacional opresora. Señera versus estelada, nueva muestra identificatoria para diferenciarse de aquellos catalanes que no se conforman con ser uno más en el tinglado ibérico que llevamos organizando desde hace siglos sobre las ruinas de la Hispania, tierra de conejos, romana. Insiginias que pasan de unas manos a otras y que tienen un sentido u otro según la militancia que se profese.

 Forma parte de nuestra idiosincrasia manifestar protesta o disconformidad aferrándonos a un trapo y su valor simbólico. Con ella sacamos a relucir nuestras discrepancias, con ella reivindicamos nuestros derechos, envueltos en ellas celebramos nuestros triunfos... Somos un país de bandera, aunque quizá el sentido de la expresión diste mucho del valor original de esa expresión.