Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




miércoles, 16 de julio de 2014

Hora de hacer política

Aunque estamos aún a comienzos de un verano, que este año parecía resistirse en mostrar los rigores del calor, tal y como suele suceder en pleno mes de julio, el calendario, inexorablemente, va dejando caer hojas que van acercándonos a la fecha del nueve de noviembre, día en que está previsto se convoque a los ciudadanos de Cataluña para opinar en un referéndum que a través de la ya famosa doble pregunta, lanzará un órdago al estado al poner en cuestión la conveniencia o no de la continuidad de aquel territorio en el seno del Estado.

 Durante los últimos meses hemos sido testigos de las diferentes muestras de poder que el bloque soberanista ha ido manifestado por todos los medios y vías posibles. A la vía oficial, lanzada desde la Generalitat a través de Diplocat, con sus ya conocidas misivas enviadas a todos los jefes de estado y gobierno más relevantes en el orbe, buscando la comprensión al proceso secesionista abierto, o a las distintas publicaciones que el Consell Assessor per a la Transició Nacional publica cada cierto tiempo, en lo que es sin duda una batalla propagandística que ayude a contrarrestar las posibles consecuencias negativas que desde el gobierno central se insiste en propagar como resultas de una emancipación unilateral, que dejaría fuera de la Unión Europea y de su moneda, el euro, se han sumado otras más efectistas o visuales, como la famosa cadena humana que unió de norte a sur todo el territorio autonómico desde la frontera pirenaica con Francia, hasta los límites de la provincia de Castellón, donde llegó a adentrarse como muestra reivindicativa del catalán en aquella comunidad vecina y hermana.

 Las elecciones europeas, celebradas hace apenas dos meses, permitieron a Esquerra Republicana, vencer por primera vez en la historia en unas elecciones celebradas en territorio catalán. Supusieron el último órdago lanzado por los independentistas, a través de sus siglas más comprometidas con el proceso, cuya capacidad de movilización ha quedado sobremanera representada a lo largo de estos meses, desde que se iniciara la lenta y larga trayectoria de asentar un camino que conduzca a la segregación.

 Ante tal cúmulo de reacciones, durante todo este tiempo apenas si hemos visto gestos desde el otro bando; por no tener no tenemos si quiera medio de definirles o llamarles, como en su día se hizo en Euskadi al denominar a PSOE Y PP como integrantes del bloque constitucionalista. En Cataluña, los contrarios a la independencia no están constituidos como grupo, apenas si hacen gestos o manifestaciones que hagan valer su fuerza y no responden a ninguna orientación o camino a seguir. Apenas si Ciutatans, ha respondido a las andanadas, cuya fuerza en los grandes municipios catalanes crece a marchas agigantadas a costa de unos grandes partidos, más pendientes de recuperar su credibilidad fruto de los casos de corrupción. Pero desde hace algunas semanas eso parece estar cambiando. Por un lado se ha constituido la denominada Societat Civil Catalana, asociación que cada vez está ganando más protagonismo en los medios, y que tiene por objeto alertar a los ciudadanos de las graves consecuencias que podrían derivarse del seguimiento del proceso independentista. Hay quien opina que ese han movilizado tarde, pero en cualquier caso, son la respuesta, fuera de la lógica de las fuerzas electorales que concursan a las urnas, a las propuestas que desde la otra trinchera lanzan con denuedo con su alter ego, la Assemblea Nacional Catalana, claramente manejada por ERC desde la trastienda.

 Llegados a este punto entramos en una nueva y compleja etapa. Está viene jalonada inevitablemente por la reunión que algún día ambos lideres de esta contienda, ( Rajoy y Mas), deberán protagonizar en aras de alcanzar algún tipo de acuerdo o acercamiento de planteamientos, que desbloquee una situación que tiene visos de provocar una fractura social en toda regla. Las posturas, más que enfrentadas, están sumamente llevadas al extremo, entre quienes apuestas por continuar hacia delante, obviando que no hay un problema en aquella Comunidad, y aquellos otros, que movidos por la ansiedad, no ven freno alguno a tomar decisiones al margen del orden constitucional del Estado, obviando incluso, las posibles repercusiones económicas que la independencia podría traer a la economía catalana. En este punto, un grupo de intelectuales, entre quienes destacan Vargas Llosa o Albert Boadella, han apelado al Estado a no negociar nada con aquellos que no respetan lo establecido, denunciando la actitud a la defensiva, de un gobierno que lejos de tomar la iniciativa parece solo limitarse a esperar a que escampe. Frente a las posturas claramente equidistantes, otro nuevo grupo, ha hecho valer su opinión a a través de otro manifiesto, este dirigido por miembros del mundo académico como Angel Gabilondo o Fernando Vallespín, que vuelven a incidir en la vía federalista que con ahinco defiende el PSOE.

 Es una guerra total de manifiestos, pero se trata de una guerra librada en el bando de los que quieren que el Estado no se desmiembre. Ambas son manifestaciones del movimiento que a este lado del conflicto se esta llevando a cabo por quienes han dado el silencio como respuesta a las iniciativas que la bancada soberanista. El debate comienza ahora y la pugna para conseguir el mayor grado de influencia para cuando llegue el momento decisivo, el de tomar decisiones.

 ¿ Se celebrará el referéndum?, Parece difícil mojarse a día de hoy. Lo normal es que así ocurra, aunque solo se ampare en la Ley de Consultas que en estos días está ya tramitando el Parlament y que seguramente será recurrida ante el Tribunal Constitucional. Aunque sea a nivel simbólico, las urnas de cartón a dos euros la pieza, confeccionadas por presos de las cárceles catalanas, serán ubicadas en donde las fuerzas de orden público así lo permitan, con afluencia de público que será variable según el estado de ánimo del momento. Será el punto y final de esta etapa de un camino que no va a concluir el nueve de noviembre. Es la hora de hacer política con mayúsculas para encauzar un proceso que no solo debe valorar las opciones de mantener a Cataluña en territorio patrio, sino que debe servir de arranque para un nuevo proceso constituyente que vertebre las reformas necesarias que el conjunto del país necesita para recuperar la confianza. El modelo del setenta y ocho necesita mejoras que vayan mas allá de un simple lavado de cara. Actualizarse para atender a las necesidades de una población que necesita respuestas en un momento en que el mundo no es igual a como era hace treinta años.