Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




jueves, 17 de julio de 2014

Efecto Podemos

 Andan revueltas las izquierdas de un tiempo a esta parte. Llevan haciéndolo desde hace tiempo, tanto en el contexto internacional como en el terreno doméstico, donde es raro no encontrar algún tipo de noticia o reacción que muestre el estado de continua agitación que viven las formaciones políticas que anidan a este lado del arco ideológico.

 Cuesta reconocerlo, pero es un hecho incontestable la superioridad ideológica que los preceptos de corte liberal mantienen en el contexto político y económico, en todos los órdenes y a todos los niveles. La realidad de los mercados es la que marca la pauta a seguir generando todo una pléyade de cuestiones que alimentan un debate político que nada a merced de las directrices que marcan los intereses de los más poderosos. Las fuerzas políticas liberal conservadoras, se mueven cómodas en ese ámbito y así lo hacen ver dominando los gobiernos de instituciones nacionales e intergubernamentales. A lo sumo andan pendientes de mirar por el rabillo del ojo los movientos que a su derecha, grupos populistas y demagogos efectúan, aprovechando la coyuntura de precariedad y desencanto.

 En medio de este arenal, ¿ Qué tiene que ofrecer la izquierda?, ¿ Cuáles son sus propuestas?, Hasta la fecha, han sufrido un curioso estado de mutación acaecido por razón de la mas que notoria crisis de la social democracia clásica, incapaz de hacer viables económicamente los sistemas que han creado y dado vida al estado de bienestar. La falta de recursos para poder mantener servicios como la sanidad o educación universales, parecen haber colapsado los laboratorios de ideas de las formaciones progresistas que andan en un estado permamente de parálisis fruto de la encrucijada en la que se encuentran. ¿ Cómo hacer frente al problema sin tratar de cambiar el sistema de economía de mercado, cada vez menos intervenido y más globalizado?

 En río revuelto, ganancia de pescadores, suele decirse para poner de manifiesto cómo algunos avezados son capaces de sacar tajada o en este caso de obtener rédito político, gracias al inmovilismo que manifiestan las fuerzas clásicas. Ante una clientela cada vez más harta, que se siente poco o nada representada con los partidos hegemónicos hasta la fecha,  algunos han conseguido hacerse un pequeño hueco, sin que eso pueda ser catalogado como una simple anécdota o novedad curiosa, ya que tiene visos de agrandarse y asentarse en el tiempo. Y es que a estas alturas de la película, cabe ya hablarse del efecto Podemos.

 Efecto podemos que trae de quicio a las derechas, que temen que su discurso cercano y directo, lleno de gestos que demanda la población ( bajarse sueldos, por ejemplo), acabe por quitarles votos incluso entre sus huestes. El partido en el gobierno se siente mucho más cómodo vertebrando su debate de confrontación política antes un enemigo conocido como el PSOE que frente a esta nueva organización low cost. Y es que el proceso de renovación que vive el partido de la calle Ferraz no solo afecta a los adláteres de la rosa y el puño. Si el anquilosamiento manifestado hasta ahora perdurase en el tiempo, obligaría a cambiar el juego de estrategias tal y como venia perfilado, gracias a este sistema bipartidista de alternancia cada cierto tiempo en que ha acabado constituyéndose la democracia representativa en España, desde que se articuló hace más de treinta y cinco años.

 Pero el efecto Podemos no solo anda pasando la escoba entre los grandes. Su alma gemela, ideológicamente hablando, Izquierda Unida, vive aún sumida en un clima de desconcierto a raíz de la suma de ese millón doscientos mil votos alcanzado en las elecciones europeas por el profesor de Ciencias Políticas. Votos arrancados en su mayor parte a votantes tradicionales de izquierdas, cada vez más alejados del discurso socialista y de otras opciones del elenco izquierdista entre las que destacaba hasta entonces la marca que engloba entre otras al Partido Comunista de España. Tras un primer momento de aturdimiento y perplejidad, tal y como pudo verse en las caras de los gestores de la organización al valorar los resultados de los últimos comicios, se ha pasado a un paulatino proceso de desplazamiento a posiciones próximas a la organización que maneja desde la trastienda Juan Carlos Monedero, con el objeto de alcanzar puntos de unión que permitan canalizar todo ese potencial electoral en próximas convocatorias. El paso más significativo viene con el encumbramiento de la figura de Alberto Garzón, que hasta la llega de Pablo Iglesias ejercía con éxito la labor de azote de las políticas neoliberales dentro de una organización que no se ha preocupado por vertebrar ideas nuevas o movilizar a sus bases con el objeto de atraer nuevos electores. La postura cómoda de esperar el desgaste de los que gobiernan con complicidad a los dictados economicistas que marca Bruselas, le ha jugado una mala pasada al equipo de Cayo Lara, cuyo liderazgo, ha quedado rebajado a causa de las nuevas circunstancias. Es cuestión de tiempo que desaparezca de la órbita del partido. El discurso clasista anquilosado en preceptos marxistas, esta pasado de rosca. No es ese el lenguaje que demanda una ciudadanía que busca justicia social en unos tiempos donde la lucha de clases y el movimiento obrero parecen antiguallas de otro tiempo. En la era de las nuevas tecnologías hablar de lucha contra el capital con un smartphone en la mano suena a paradoja espacio temporal de película de ciencia ficción. Es ahí donde reside la magia y encanto del efecto podemos. El haber sido capaces de modernizar las reivindicaciones del sector más bajo de la sociedad, sin emplear lenguajes trasnochados ni categorías excluyentes. Han conseguido identificar a sectores de lo mas variopinto, que tienen en común sufrir la situación delicada que vive el país, sin tener en cuenta la extracción social o el poder adquisitivo de cada cual. Se esta creando una nueva conciencia de pertenencia a un colectivo que busca superar las barreras de clase tal y como se habían configurado hasta ahora. Solo así se explica que un ex empleado de banca o un barrendero sientan simpatías por una misma organización como Podemos. 

 Estamos ante un fenómeno sociológico de nuevo cuño que merecerá análisis pormenorizados en el ámbito académico. Los enemigos de la casta ya están aquí y  han venido para quedarse. Apasionante se presenta el futuro inmediato en seno de la izquierda. El debate de ideas y propuestas está en marcha. Al fín.