Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




viernes, 21 de febrero de 2014

Homenaje a Cataluña

 Siempre que me acerco a la FNAC de Callao en Madrid, lo hago con la intención de ir a tiro hecho,con la idea de adquirir algún libro que necesite o en el que tenga interés, y con las mismas salir corriendo para evitar dar un sablazo a mi siempre maltrecha economía. Y aunque hay veces que lo consigo, he llegado a salir del establecimiento alguna vez sin comprar nada, casi un milagro,  lo normal es que traiga debajo del brazo algún ejemplar con el que no contaba.

 En esta ocasión el libro no buscado y elegido ha sido Homenaje a Cataluña, relato corto en el que George Orwell, cuenta su experiencia como miliciano en la Guerra Civil española.


 Al tratarse de un libro de vivencias personales relativos a un conflicto bélico de profunda carga ideológica, tal y como fue la guerra civil española, uno espera encontrarse una narración en primera persona cruda, llena pasajes donde el dolor y la muerte hagan acto de presencia. En cambio en esta apenas si se trata de ello de soslayo, ocupando un segundísimo plano. Sorprendentemente Orwell, utiliza su escrito, no como encendido alegato político en defensa de las ideas libertarias por las que se alistó, sino como homenaje a un nutrido grupo de personas, de soldados, que a ambos lados de las trincheras combatieron en unas condiciones extraordinariamente precarias. Sin apenas equipamiento de combate, pésimamente abastecidos en lo logístico, y con un más que dudoso adiestramiento militar, centenares de jóvenes procedentes en su mayor parte de la zona del levante español protagonizaron, casi al límite de lo ridículo uno de los muchos episodios militares librados en el frente aragonés, a las puertas de Huesca en este caso.

 El relato es sencillo, entrañable, por momentos produce incluso la risa al describir al detalle las condiciones en que un puñado de jóvenes muchachos convive en una inmunda trinchera, sometidos al frío del siempre severo invierno aragonés y con apenas a unos cuantos metros de un enemigo que subsiste en unas condiciones igual de limitadas. El relato no evita detalles y pone de manifiesto lo absurdo de un enfrentamiento donde los protagonistas fueron enviados al campo de batalla sin saber muy bien ni a que iban ni en que condiciones podrían hacerlo. Luchar contra el fascismo o contra la Rusia comunista, proclamas bajo las cuales se organizaban las glebas de soldados, apenas si esconden debajo mucho más que el ser simples marionetas de un campo de pruebas en que Europa, divida entre las ideas nazis y las democráticas y con la mirada vigilante del gran oso soviético, decidió convertir el conflicto interno español. Orwell deja constancia de ello insistiendo en la bondad de unas gentes que dejaron su vida por un objetivo que en muchos aspectos no les fue propio si no importado de fuera.

 La segunda parte del libro sale de las trincheras oscenses para trasladar los huesos del ex-soldado del imperio británico a la Barcelona republicana, ciudad que lejos de andar movilizada a raíz de la guerra parece vivir una especie de retiro alegre, ajena a la dureza de la vida de los soldados en el frente, pese a lo que la propaganda política quiso tratar de reflejar. En ella y bajo la tutela del gobierno provisional sito en Valencia, distintos partidos y facciones leales a la República se reparten un pastel de poder e influencias donde el partido comunista poco a poco gana terreno frente a los demás. Necesitados de ir eliminando piezas en el tablero, acaban empujando a la ilegalización del Marxista POUM, al que nuestro autor se alistó, y desde el que quiso partir hacia las Brigadas Internacionales a las que nunca llegó a incorporarse. Perseguido como todos sus correligionarios, y sin estar aun recuperado del balazo que recibió en el cuello de un modo absurdo en el frente, Orwell huye con su esposa a Francia sin apenas haber combatido, y acusado de haber servido al enemigo franquista gracias a la confabulación comunista en contra de su partido.

 Una vez más Orwell lanza duras andanas no contra el enemigo previsible sino contra el aliado desleal, denunciando la sonrojante manipulación y el tremendo control que el comunismo pretendió desde el inicio con sus maniobras de asedio y purga de aquellos que considerara sus enemigos, especialmente dentro de sus filas o entre sus aliados. Al igual que hiciera en otras obras célebres como Rebelión en la Granja o 1984, el autor critica sevéramente el autoritarismo soviético en todas sus variantes y manifestaciones nacionales, para nada alejado de aquellas prácticas que supuestamente quiso combatir.

 He aquí un buen libro para acercarse a un periodo de historia, desde una perspectiva sencilla y humana, pero con todo el transfondo político y estratégico de una Europa de finales de los años treinta; todo ello sazonado con la pluma magistral y la prosa llena de matices del inigualable Orwell.