Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




viernes, 8 de noviembre de 2013

Montañas de desperdicios



 Una montaña de basuras y residuos en constante evolución creciente. En apenas unas pocas palabras puede  configurarse a las claras el paisanaje que acompaña estos días a Madrid, inmersa en pleno conflicto entre empleados y empresas que suministran vía contrata el servicio de recogida de residuos en la capital.

 La causa del conflicto, una vieja conocida en estos tiempos que corren: la reducción de plantilla que plantean las empresas concesionarias en sus ya de por si magros equipos de trabajo, a causa de los recortes ocasionados desde la administración municipal. Las cifras son duras de asimilar: más de mil personas perderán su empleo como consecuencia de ello.

 La alcaldesa haciendo gala de la que viene siendo practica habitual en los equipos de gobierno de su partido en la Comunidad de Madrid, trata de desembarazarse del asunto alegando la consabida externalizacion de servicios. Al no ser plantilla municipal no son responsabilidad suya la continuidad o no de los mismos al servicio de las cuadrillas de limpieza.

 Como es obvio, el argumento es inapelable en tanto en cuanto la responsabilidad contractual recae en quien ejerce el servicio vía contrata; pero no es menos cierto que de un modo u otro, la principal edil de la ciudad tiene que dar respuestas a sus ciudadanos en tanto en cuanto el problema va camino de convertirse en asunto acuciante. No es ningún secreto el alto grado de residuos que generamos a diario en esta ciudad y cuya deposición en los contenedores al uso va acumulándose a paso lento pero constante. Si a eso le sumamos las labores de extorsión que determinados elementos convocantes del paro ejercen, esparciendo con total impunidad restos de basura en cualquier esquina, hacen que el problema sea mas que preocupante. Estos grupos hacen especial esfuerzo en establecer concentraciones de todo tipo de inmundicias en zonas altamente sensibles de la urbe, como son el centro y aquellos ámbitos mas transitados por vecinos y sobre todo visitantes en lo que sin duda es un intento de hacer visible el conflicto y las demandas de los convocantes del paro, que no son otras que paralizar los despidos masivos.

 Ni que decir tiene que uno no puede en esta situación más que estar de parte de los trabajadores, cuya situación de angustia ante el inminente porvenir sin faena y en el paro no puede menos que atraer el sentimiento de solidaridad entre todos los que formamos parte de las clases activas de este país por cuenta ajena. También cabe afear (una vez más), la actitud netamente hostil de aquellos grupúsculos organizados que confunden la labor informativa de un piquete sindical, con acciones de sabotaje que no solo perjudican a quien no tiene culpa, si no que además quedan muy lejos de las necesarias prácticas democráticas que deben mediar en todo conflicto. Entre las medidas de presión no pueden estar las de convertir la ciudad en un vertedero mas grande aun de como esta, desde el momento en que no se lleva a la practica el servicio de recogida de residuos.


Una vez más cabe apelar a la sensatez y la cordura y al entendimiento entre las partes que han de llegar a un acuerdo pronto y satisfactorio por el bien de todos. En el debe del mismo debería conseguirse el mayor número de puestos de trabajo salvados, como consecuencia  necesaria de una actitud que debe mejorar las expectativas del que parece acabar perdiendo siempre en esta clase de conflictos: la parte más débil, o sea el trabajador. En pos de esa meta la administración local debe ser parte interesada por mucho que las leyes le eximan de responsabilidades, y no solo por el objetivo de mantener la ciudad limpia. Tiene una responsabilidad moral al reducir las partidas presupuestarias, causantes de la merma en los recursos disponibles.  Un acuerdo tripartito pues, debe sacar a la ciudad de este atolladero y permitir a todos volver a la normalidad.
 

 Y de paso devolver a Madrid la imagen habitual de ciudad cosmopolita y alegre. Llena de sitios interesantes y de gente interesante. Bastante basura tenemos ya en esta ciudad lidiando en los tribunales y medios de comunicación a cuenta de los mil temas abiertos que han salido a flote a raíz de la crisis como para encima emponzoñar aun más el entorno.