Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




viernes, 12 de julio de 2013

Bochorno

 Otra vez viernes. En pleno mes de Julio la canícula nos castiga con un sofoco desmedido amplificado por las idas y venidas de nubes que en formato de tormenta crean una especie de película infranqueable que no dejar que pase el aire. Calor y bochorno que se agrandan creando sensaciones de ahogo y calor angustiosos.

 Bochorno, esa es la palabra que con frecuencia empleamos para definir esos estados de calor sofocante derivado de las altas temperaturas y altos indicadores de humedad relativa en el ambiente. Pero hay más tipos de bochornos, carentes del sentido atmosférico hasta ahora aquí relatado. De hecho el que atañe a esta entrada se refiere al que produce rubor y sonrojo.

 Hoy mi comentario del blog va relacionado con la sensación de bochorno que a veces nor surge a algunos a cuenta del tratamiento informativo que de determinadas noticias se hace. A medio día de hoy los medios se han hecho eco de la sentencia condenatoria desvelada por un tribunal popular que condena a un padre por la muerte de sus dos hijos. Pendientes aún de revelarse los datos de la sentencia definitiva y del número de años que deba cumplir el reo, con la revelación de la misma, no exculpatoria, se pone punto y final a una tragedia humana de tintes terribles y espeluznantes.

 La sensación de pena, frustración y rabia se cruzan casi a partes iguales al pensarse en las dos criaturas que han fallecido a manos de un padre enajeado e impulsado por el odio y la venganza personal hacia la madre de los niños. Pero esa sensación parece acrecentarse por momentos al echar un vistazo atrás y comprobar que tipo de tratamiento informativo ha recibido tan terrible historia.

 ¿Dónde queda el código deontológico que todo profesional de los medios debe seguir a modo de juramento hipocrático cual facultativo ejerciente? ¿Cómo compatibilizar este con el derecho a la información? Preguntas como estas están en el ambiente cada vez que se observa cómo se tratan hechos macabros de estas características. Sin negar las necesidades que detrás de cada medio impulsan a los dirigentes de los mismos a buscar los formatos y contenidos que mayor demanda puedan tener en el mercado de los espectadores, cabría cuestionarse hasta que punto debe catalogarse como información el seguimiento informativo  que a lo largo de estos meses, desde que se tuvo conocimiento de la desaparición de los menores, se ha hecho del caso. Espacios mono temáticos dedicados exclusivamente al hecho luctuoso, columnas de prensa, espacios de radio... Toda una pléyade de profesionales de mejor o peor reputación profesional han hecho literalmente su agosto ofreciendo carnaza informativa degustada por una audiencia abandonada a la suerte del morbo y la comidilla fácil que este tipo de historias suele generar.

 Nadie va a negar la libertad que cada cual quiera emplear a la hora de informar; ni tan si quiera cuestionar las plantillas de programación o los formatos de los espacios que se emitan o publiquen.Vaya por delante el más completo y absoluto respeto por los medios y su derecho a expresarse e informar. Pero tal vez sea bueno recordar, no será la ultima vez que hablemos de este tema, la necesidad de informar con rigor y sin alimentar morbos innecesarios, más aún cuando el argumento informativo sale a relucir a costa de la espeluznante tragedia de un asesinato cruel de dos infantes.

 Con la sentencia de hoy posiblemente se está haciendo justicia; probablemente también se ponga punto y final a un espectáculo triste e interesado, muy al uso de un tiempo a esta parte. Desgraciadamente no durará mucho tiempo. Antes o después algún otro caso de la España negra, volverá a poner en primera plana asuntos de este calibre con una continuidad informativa similar. Cambiarán los protagonistas pero no lo hará el bochorno que desgraciadamente una parte de la comunidad informativa utiliza como medio de alcanzar sus objetivos. Aunque algunos, en su defensa dirán que eso a lo que algunos llamamos bochorno no es otra cosa que un producto demandado por una audiencia que lo consume con fruición. 

  Debate eterno sin duda.