Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




miércoles, 14 de septiembre de 2016

Sábado cine

  Vengo preguntándome desde hace algún tiempo cómo es posible que la parrilla televisiva los fines de semana, especialmente los sábados noche, contenga tal cantidad de espacios dedicados a la política, ya sea en el formato de tertulia, o cualquier otro.  Y lo hago porque los sábados son, al menos para mi el día por antonomasia del esparcimiento, del descanso, son el día del desconectar de todo y de todos, de hacer cosas diferentes, aprovechando que se tiene tiempo libre y uno puede disponer de sus horas a su antojo y deleite. Antes cuando era más joven, me quemaba estar entre las cuatro paredes de mi habitación o en casa, pidiendo salir a la calle y disfrutar de cualquier plan, con los amigos o la novia de turno; ahora que esta uno un tanto más talludito son muchos los fines de semana que opto por quedarme relajado en casa. Sin salir, salgo de la rutina y me evado de los quehaceres de la semana, problemas, preocupaciones cuando las tengo... Para mi los sábados noche en casa son siempre sinónimo de cine, de ver películas. Me retrotraen al pasado, a esas noches en familia, donde todos los miembros del clan al que pertenezco nos plantábamos delante de la televisión, sintonizando uno de los dos únicos canales que entonces podían verse para ver la película que TVE tuviera programada para esa noche. Así que si me quedo en casa mi plan es claro. Ver una película, alguna de las que ofrecen otras emisoras o alguna cualquiera de las que tengo en mi colección. Otras veces recurro a alguna de las Historias para no dormir de Chicho Ibáñez Serrador, o miro que puede tener de interesante la programación de La 2, muy dada a ofrecer documentales hasta bien entrada la madrugada, algo a lo que me he ido haciendo adicto con los años casi sin darme cuenta.




  Lo tengo claro, en mi tiempo para el esparcimiento, el día a día de la más rabiosa actualidad política queda postergada, sabedor de que tendré toda la semana, una vez que empiece para ponerme al día, y sorprenderme, si es que uno a estas alturas puede llegar a sorprenderse, con cualquiera de los muchos dislates que desafortudamente vienen acompañándonos de un tiempo a esta parte por estas latitudes. Pero pensándolo bien, no me sorprende que a muchos les convenza la opción de entregarse los sábados noche, a esas infectas entregas que a modo de lodazal pueblan los receptores de muchos vque deciden entregarse a la habitual práctica de no pensar, observando espectáculos que debieran llevar a todo lo contrario. Es como si uno de los denominados reality shows, hubiera decidido elegir entre sus integrantes a políticos y no a personajes pintorescos o de baja estopa, que suelen pulular por muchos de los espacios diseñados para ello, y cuya enumeración casi nos daría para rellenar unas cuantas entregas como esta...


  Anoche, antes de acostarme. escuchando en la radio las impresiones que a varios analistas políticos les produjo la comparecencia del Ministro de Economía en funciones, interrogado sobre la infructuosa asignación a dedo de un ex miembro de su gobierno para ocupar un puesto en el Banco Mundial, pude escuchar entre sus alegaciones, lo que contestaba a uno de sus inquisidores, que apelando a la dignidad, le pedía que se marchase. Ni corto ni perezoso, el ministro antes interpelado contestó: la dignidad es un término jurídicamente indeterminado, evanescente... 

 Evanescente... Si, podría también haber dicho etéreo, o quizá haber hablado de entelequia, a fin de cuentas, qué es o qué supone la dignidad en estos tiempos que corren, en que la ciudadanía cada vez tiene más claro que aquellos que le gobiernan sufren muy poco si para tomar decisiones tienen que poner en tela de juicio la dignidad de sus representados. Disponer de sus señorías como protagonistas avezados en espectáculos los sábados por la noche es como una especie de venganza del populacho, que de ese modo, lanzando al barro a sus dirigentes, convierte en teatrillo de pandereta las alocuciones de unos y otro que con gestos compungidos y alterados pretenden lanzar el mensaje de que les preocupan los problemas de la gente corriente, cosa que a juzgar por sus actos y capacidad para llegar a acuerdos, parece más bien una broma de mal gusto. En el fondo me parece bien, les entiendo, aunque yo prefiera sustituir el evanescente espectáculo deplorable de tanto cantamaña suelto por la tele, por alguna de mis viejas películas en familia. Eso si que es una espectáculo evanescente.