Motivación existencial

Ricón para pequeñas reflexiones ahora que las puestas de sol se ven desde los cuarenta...
por Dondo Moreno




martes, 28 de julio de 2015

Porno

Leo en una de las cabeceras de prensa con sede en Barcelona, una noticia procedente del Reino Unido en relación a los contenidos registrados en los ordenadores de la Cámara de los Comunes, más concretamente a las páginas de internet a las que han tenido acceso sus señorías, dejando al descubierto visitas a portales eróticos o pornográficos en una cifra que supera las doscientas cincuenta mil visitas anuales.

 Es este un tema recurrente en todas las cámaras de representantes donde sus señorías cuentan como servicios anexos a su función, el poder disponer de una conexión de internet, así como de un dispositivo avanzado, que les permite emplear la red como soporte o ayuda en sus tareas parlamentarias habituales. Considerando el coste que tanto de cuota de linea como de uso del aparato en cuestión pueda tener cada uno de sus usuarios, el resultado final suele conducir a una cifra variable que si no resulta alta en comparación con otros gastos, si que supone una inversión pública de la que los contribuyentes esperan un uso adecuado y afín a la función del respresentante. 

 Resulta comprensible el cabreo del respetable ante tales prácticas, alejadas de cualquier actividad profesional dedicada a servicio público alguno. Justificado en parte por tratarse de conexiones pop up, es decir que entran solas sin que necesariamente el usuario haya intentado entrar en página alguna, sigue siendo igualmente sorprendente las altas cifras que llegan a registrarse en los terminales parlamentarios. Ya que tales servicios salen de nuestros bolsillos contribuyentes, siempre más magros de lo que a uno le gustaría, es cuando menos de recibo exigir a los diputados que hagan un uso acorde con las características de su tarea:  como material de consulta, lectura de prensa, uso de correo electrónico, etc...

 Hasta aquí la parte práctica del asunto; llama más la atención la parte ideológica y sobre todo moral de la cuestión que nos atañe, relativa a la conveniencia o no de ver porno en sede de representantes. Con todos los respetos no dejará de maravillarme nunca, la facilidad con la que determinados sectores saltan, echándose las manos a la cabeza y poniendo el grito en el cielo, en lo referente a estas prácticas que consideran indecentes o inmorales, vistas como un mal ejemplo ofrecido por aquellos que precisamente si por algo deben caracterizarse es por mostrar rectitud y moderación en todo cuanto hacen o dicen. Sin justificar este tipo de cosas, que más bien debieran hacerse en un ámbito más privado que una sede de representación del pueblo, y por cuenta y riesgo del bolsillo de cada cual, considero que hay otro tipo de prácticas abusivas, que bien pudieran considerarse otro tipo de pornografía y que dependiendo del signo político de quien las cometa, levantan más o menos ampollas entre el respetable, justificándose en algunos casos o haciéndose la vista gorda porque censurarlo o criticarlo supone dar ventaja al adversario político. Sinceramente de entre todas las actividades poco decorosas que puede cometer un político mientras esta en el ejercicio de sus funciones como parlamentario elegido por sufragio, la de ver porno a ratos con la tablet es de las que más indulgencia me provocan. A fin de cuentas estos señores disponen en el tiempo que dura su mandato, de recursos tanto económicos como prácticos, de cuyo abusos dan buena cuenta los  medios casi constantemente, ( viajes a cargo de los presupuesto de la cámara, empleo de instalaciones para uso particular, coches y escoltas, etc...) La lista quizá engordase aún más con otros conceptos que ni si quiera imaginamos los que somos legos en materias parlamentarias.  

 Puesto a exigir volvamos a insistir en lo que debería ser el primer mandamiento que todo cargo electo debería grabarse a fuego al entrar en sede parlamentaria: el de la austeridad a la hora de emplear todos y cada uno de los recursos que su función les brinda. Como ya sabemos, austeridad y política casan mal, especialmente en determinadas democracias, un poco más abajo, en el sur de Europa, donde la función política se ve como una manera de enriquecerse y ganar notoriedad. Cosas, a fin de cuentas, de la cultura política y de los valores éticos de un país, pero eso daría para otra entrada en este blog.